Digestión

August 15, 2008

Tus textos descobijados se han vuelto aún más biográficos.

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Ayer escuché como una abeja trataba de salir de mi cuarto. Se estrellaba una y otra vez contra mi ventana. Su zumbido constante me distraía a ratos, una vez acostumbrado a él era su cesar el que viraba mi cabeza para encontrarla. En los silencios la abeja obrera coqueteaba con su libertad caminando torpemente por el marco de la ventana. Cuando estaba a punto de salir retomaba el vuelo para seguir dándose de topes.

Hoy subí una colina en bicicleta. Antes de lanzarme hacia la pendiente estudié que tal vez sería de unos 200 metros. Me pare sobre los pedales, bajé una de las velocidades y comencé un ritmo marcado con mis jadeos. Al llegar a los 200 metros me di cuenta que después de una parte plana la subida continuaba. Recordé entonces que el regreso sería más sencillo y seguí pedaleando.

La noche de ayer le hablé. Me dijo que las cosas serían duras para mi, por quien era. Literalmente, por llamarme como me llamaba. Por mi familia. Porque me cuesta lidiar con fracasos, que aunque no sean fracasos para los demás, dice y sé, que si las cosas no salen como yo quiero, para mi, siempre serán fracasos. Hace un par de semanas hablé con otro. Me dijo que estaba seguro que las cosas saldrían, por ser quien soy, literalmente, por llamarme como me llamaba.

Sí, sigo leyendo el libro. Sostiene mi mirada, el resto de mi cuerpo inerte, una inhalación extendida. El libro en sí es lo que predica, maximiza siempre su potencial. Es brillante y en su trama la autora exalta la brillantez. Estoy seguro que hay un mensaje entre líneas, más allá de lo brillantes de ambos sentidos, algo que tiene que ver con que el más brillante de todos, a quien siempre busca la heroína, siempre estuvo bajo sus narices. En lo más profundo, en su razón de ser.

Ayer por la tarde encontré a la abeja caminando en mi toalla. Se veía exhausta, parecía querer arroparse con los hilos cafés de mi pedazo de tela peluda. Como si tratará de encontrar un remedo de filamentos florales. Desistió en su búsqueda por la salida, si pensara, estoy seguro que en esos sus andares dejó de pensar en la libertad. Se redujo al instinto más básico de sus instintos, sobrevivir lo más que pudiera.

Cené ayer con ellos. Ella se especializa en Medio Oriente, recuerda bien la diferencia entre guerra civil y revolución. El trabaja conmigo, se fue de Gran Bretaña hace un par de años dejando una deuda sin pagar además de extender su estadía más allá de lo permitido por migración. Ella está desempleada. A él lo dejaron regresar a Gran Bretaña. Uno de los otros dos que nos acompañaban hacía eco a las exclamaciones de sorpresa por lo rígidos y exigentes de los ingleses cuando se la hicieron cansada a su regreso y cuando trató de sacar una tarjeta de crédito. El otro calló. Yo fruncí el ceño, y también callé. Ella y él se casaron. Ayer celebraron uno de sus tantos distintos aniversarios.

Hoy por la tarde me salí a dar una vuelta a la manzana, más bien un par y también me di una pausa a la orilla del canal. ¿Dónde di la vuelta equivocada? No lo sé. ¿Por qué terminé en un lugar al que creí que mis éxitos en batallas pasadas jamás me dejarían llegar? No lo sé. Siempre hay algo que aprender y siempre, irremediablemente, se puede mejorar. Estoy en crisis. Pero si estoy aquí es porque no aprendí algo en el camino. Tal vez tengo que aprender a reinventarme. Tal vez deba dejar de ser quien soy, aprender que si las cosas no salen como yo quiero que salgan no necesariamente es un fracaso y disfrutar lo que tengo. O tal vez, tenga aprender a quitarme de en medio y perseguir mi felicidad por otro lado, aunque implique, renunciar.

La bajada fue sublime. Aumentaba la velocidad agachándome pegadito al manubrio, la disminuía irguiéndome, ensanchando mis hombros y levantándome en los pedales.

Hoy por la mañana entré medio amodorrado al baño para bañarme. La abeja murió. Estaba inerte en el piso bajo mi toalla. De cansancio, supongo, así que: en paz descanse.

July 14, 2008

La gota gorda

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Un pedacito de corteza cae rebotando por las ramas unos diez metros hacia el suelo. La planta del pie suavecita como algodón lucha por sostenerse a la base de una rama. Aquél pié de burguesillo hace esfuerzos Gargantuescos por aferrarse lo más pronto posible a las arrugas ásperas del árbol. Se estruja con los dedos, dobla y desdobla falanges, metatarsos y tarsos para agarrar lo que pueda de esa piel arbórea endurecida y rasposa. Gira sobre su eje como pivote de derecha a izquierda, como la abuela le enseño a matar bichos y cucarachas -porque las cucarachas se cuentan aparte.

El acróbata accidental aquél se balancea entre la suerte de nuestro pedacito de corteza y el pajarraco encaramado en la rama de enfrente. Sus brazos agitándose como reguiletes para encontrar el equilibrio. Los músculos abdominales apretándose cual piel de tambor africano. Los glúteos entrometiéndose el uno con el otro. El cuadriceps increíblemente tenso, casi como la espalda de un contador con jornadas diarias de catorce horas. Los chamorros enrollados como cochecito de cuerda. Cada uno de los músculos exigido hasta el máximo para garantizar su existencia, para justificar su propósito.

Los ojos desorbitados, las pupilas dilatadas, los fosas nasales abiertas como portón de iglesia en jueves santo. La boca de mueca estirada empujando los cachetes hacia los lados y amontonándolos en múltiples pliegues. A penas se dejan entrever los dientes a través de los labios, los cuales recubren a medias una lengua tremendamente seca. Las gotitas de sudor que se forman en la frente se unen en los canales bordeados de piel hasta formar una gota muy gorda. El viento colándose por su cabello mojado enfía su nuca, como un rayo helado disparado por su espalda, como si se agrietára un témpano.

Detrás de él la selva resplandeciente con miles de hojas verdes y seres ensombrecidos columpiándose por las ramas entre árboles. Algunos parecen volar.

Un enjambre de preguntas golpean su conciente: porqué habrá saltado; porqué habrá escogido éste árbol; porqué dejó caer la liana antes de estar instalado; cómo es que este árbol que parecía más alto desde el otro, es más bajito estando más cerca de él; porqué estuvo en el anterior; porqué ahora se encuentra en el borde, a la merced dictatorial de un soplido; porqué quiso saltar a otro todavía más alto cuando ni instalado estaba en aquél; porqué saltó del primero.

Se acumula el peso, la gravedad se hace cada vez más irresistible, llega al borde, no puede sostenerse más, tendrá que seguir a nuestro pedacito de corteza, así se fue, así cayó esa, la gota gorda.

June 15, 2008

Drenado

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Ayer soñé con fantasmas. Sabía quienes eran, también sabía que no me los habían presentado pero sabía que eran familiares, amigos y celebridades. Sabía que algunos estaban muertos, no vestían negro, pero su vestimenta era oscura. Soñé con mi hermano, con mis amigos, con aventuras en una alberca. Soñé con mi hermano como bebé, un bebé que no se parecía a él, tenía que llevarlo a su mamá, que no era la mía, atravesamos barrios con peleas pandilleras, nos agachamos por debajo de paredes por agujeros con escorpiones y arañas. El escorpión no paraba de picarme, haciéndome daño, tomé al bebé en mis brazos y lo llevé lejos. El escorpión no paraba de picarme, haciéndome daño, alejándome, alejándonos de los terribles males ocultos en la oscuridad de aquel túnel. Volví por el callejón de pandilleros que no hacían caso de nuestro pasaje. Algunos nos conocían, otros no veían amenaza alguna, aquellos nos sonreían. Soñé con Claudio y con Carlos, soñé con mis sueños de llegar a donde quería llegar. Soñé con la casa en la península cerca de la barranca que desemboca en el Pacífico. Una casa grande, con jardines, soñé con la seguridad de tener solvencia y riqueza. Soñé con la tristeza que implican los sacrificios por la solvencia y la riqueza. Soñé con todo lo que había soñado, que lo tenía, pero que a pesar de ello me quedaba en la boca lo más horripilante que puede tenerse en la boca, por debajo de la lengua, el paladar, en los cachetes y en la encías, no había sabor, no había amargura, no había picor, sólo la ausencia infinita de sabor. Ni una pizca salada. Nada.

Tengo la sensación de que algo o alguien quiere llevarme hacia algún lugar del que no estoy seguro al que quiero ir. Tengo la sensación de que algo o alguien no quiere que vaya aquí o acullá. Tengo la sensación de no estar tomando las decisiones correctas, de no estar aceitado, de no estar enfocado. No me siento yo. Como un coche que no parece arrancar pero aún da marcha. No me siento concentrado, ni efectivo ni eficiente. Como si hubiera nadado mucho tiempo, lo más rápido que podía, y ahora de pronto me freno y no reconozco donde estoy. Veo un punto en el horizonte, nado hacía él con todo el ardor de mi corazón y la fuerza de mi voluntad. De pronto un espectro, o un remolino que me fuerza a dar media vuelta. Ahora veo otro punto en el firmamento, me abalanzo sobre las aguas, apuñalo las olas con mis manos, arranco gotas con mis pies, allá vamos. De pronto el desconcierto y la falta de dirección me obligan a dar media vuelta. Ando olvidadizo, ando mediocre, ando falto de dirección, poco fino, sin detalles, burdo.

Quiero pertenecer a ese círculo de elite de los bonitos, los buenos y los inteligentes. Aquellos que reconoces a distancia, que se ven bien, lo hacen mejor y son mejores. Pero algo no me deja llegar ahí, algo dentro de mi, algo que soy yo mismo. Aquellos intentos fallidos de nadar hacia una dirección escogida parecen faltos de aliento, muertos. Toda esa fuerza, todo ese arrojo perdido, desperdigado y absorbido por la inimaginable suma de partículas de agua en la inmensidad del mar. Estoy agotado pero aún tengo marcha, y quiero hacer algo con ella. Cada momento que pasa sin usarse me hincha de ansiedad por la impotencia de no poder hacer nada con ella. Chispa hay, chispa hay, chispa hay. Denme madera, denme un bosque con hojas secas, con combustible para hacerlo arder, para limpiarlo, rejuvenecerlo y hacerlo más fuerte. Chispa hay pero la pólvora está mojada. Chispa hay. ¿Dónde la quieres?

“There is no such thing as a failure who keeps trying, coasting in the bottom is the only disgrace”

-John Popper lead singer of Blues Traveller, Album: Four, Song: “Just wait”

May 23, 2008

Quiero enamorarme.

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May 3, 2008

Me la pelas

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Pinche viejito me la vas a pelar… ahí te voy carnalito…¿qué? ¿a poco ya no pudiste? Jajaja….. inche viejito… yo voy a darle una vuelta más… ¡Qué rico pinche dolor en las piernas! Cambio de camiseta y a clase de Mate 3… pinches matrices me la pelan… mames, a huevo, una estiradita por aquí… las pinches viejas de atrás no dejan de ver mi espalda… mi pinche tricep… a huevo… Ahora por un agüita y un muffin de centeno….

¡Madres! ¿Cómo se llama esa niña? Chale… no me acuerdo… pero no mames, si la vi ayer… ¿y ese cabrón? ¡Madres, ni idea!

Clase de Estadística… pinche distribución de Fisher me la va a pelar…

¡Mierda! ¿Qué eso en el pizarrn? ¡mames!… es un puto numero pero no me acuerdo como se llama… mierda… ¿en qué puta clase estoy? Estadística… ¿Estadística? ¿Qué chingados significa estadística? Conozco la palabra pero no hace ningún sentido… Estadística… estadística… estadística… mierda… ¡Cinco! A huevo ese es el pinche número… pero ¿Qué chingados significa? Cinco… es más grande que cuatro… más que 1,000,000… chale… no sé que pedo… ¡Ah cabrón! Ahora no veo del lado derecho… Mierda, mierda, mierda… veo borroso todo el pedo… ¡Hijo no mames! ¡¿Qué putas madres está pasando?! ¿Pasando? ¿Qué chingados es pasando?… ¡Puta madre cómo duele! ¡Mieeeeeeeerda! Mi cabeza… no mames…¡NO MAMES! No me puedo ir así na más por un dolorcito de cabeza… no me puedo volar clase… ¡tengo que quearme en la clase a huevo! Es lo correcto. No puede ser, voy a ceder al pinche dolor… no puedo quedarme… no entiendo ni madres, que mamada…

- “Maestra… mi cabeza… me voy”

¡NO MAMES! ¡QUE ME LA CORTEN! ¡QUE ME LA CORTE YA, A LA VERGA! ¡QUE PINCHE DOLOR TAN JODIDO! ROCÍO… Rocío… rocío…

- “Mi cabeza… no mames… llévame a mi casa por favor… no puedo manejar.”

Duele como cuando comes algo muy frío, pero puta madre el dolor duele, sin punzar, así, constante, como una puta bola de hielo en el centro de la frente, quiero un puto picahielo, ¡no! Mejor una puta cuchara de helado, para sacarlo todo de un putazo. Pinche bola fría de mierda en medio de mi cerbro… mames…

- ¡ANDRÉEEES! ¡PUTA MADRE ANDREEEEEEES!
- Andres: ¡Mande!
- ¡¿DÓNDE ESTA LA PUTA MEDICINA PARA LA MIGRAÑA?!
- Andres: No mames, que putas formas de pedir las cosas…

Adiós luces… adiós música… silencio… adiós Rocío… sí mi amor, estoy bien… me voy a jetear y se me pasa… ¡Mireda! ¡¿Qué es eso?! No mames… no mames… ¿En serio? OOOOOOOOAAAAAAAXACA….agua… centeno… agua… y centeno ¡¡¡OOOOOOOOOAAAAAAXACAAAAA!!!! Miérda, ni los putos oaxaqueños la cantan tan bien…. ¡¡¡¡¡¡¡OOOOOOOOAAAAAAAAAAXACAAAAAAAAAA!!!!!

Hola aliento… bienvenido de vuelta… colchón… sábanas… almohada… Morfeo… qué bueno que llegaste…

zzzzzzzzzzz….

me la pelé.

Tiburones, así los llaman, por predadores, con su coraza hecha de lo industrioso e ingenioso del ser humano. La necesidad está en crear, en seguir adelante. Como máquinas sin serlo porque aman su trabajo, viven para él. Las fiestas son la excepción, son para ellos, los que las ven como un punto aberrante; ellos son las que más las disfrutan. Hacer las cosas bien, ser el mejor, desarrollar al máximo tu potencia de ser humano, lo más natural posible, lo más apegado al deber ser, a la realidad. Maximiza. ¡Qué rico es trabajar! Lo es. Mi límite fue una migraña, el hospital, una mujer que me hizo cuestionar todos mis principios, una tromboembolia pulmonar, la recaída, veinte kilos después, 5 años más tarde: me gusta el deber ser.

“Bill Brent knew nothing about epistemology; but he knew that man must live by his own rational perception of reality, that he cannot act against it or escape it or find a substitute for it — and that there is no other way for him to live.”

Ayn Rand, “Atlas Shrugged”

April 8, 2008

Ciertos momentos

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Hay ciertos momentos de éxtasis en los que todo parece acomodarse, todo vale la pena por esos sengundos de paz, de pertenencia, de encuentro. Vivo para esos momentos, vivo por esos momentos. ¡Ah! y… ¡Cómo me gustan las mujeres vestidas de verde!

February 3, 2008

¡Ah pero como nos gusta hacernos pendejos!

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“- Porque la pasión no piensa en las consecuencias. Dice Pascal que el corazón tiene razones que la razón no toma en cuenta. Si quiso decir lo que yo supongo, opinaba que no solamente parecen plausibles, sino convincentes, para demostrar que vale la pena perder el mundo por salvar un amor. Y nos convence de que vale la pena sacrificar el honor y de que no es precio caro el de sentir oprobio y vergüenza. La pasión es destructora. Destrozó a Marco Antonio y Cleopatra, a Tristán e Isolda, a Parnell y a Kitty O’Shea. Y cuando no destroza, muere ella. Y entonces quizá encuentre uno enfrentando con el desolador descubrimiento de haber malgastado los mejores años de la vida, de que se ha deshonrado uno con su conducta, soportando los terribles dolores de los celos, tragando las más amargas mortificaciones, que ha gastado toda su ternura, y vaciado todo el precioso contenido de la propia alma sobre una pobre ramera, un necio o un fantoche al cual buscamos vestir con nuestros ensueños, y que no valía ni lo que una pastilla de goma de masticar.

Apenas terminada esta arenga, comprendí perfectamente que Isabel no me estaba escuchando, por estar ocupada en sus propios pensamientos.”

“El filo de la navaja,” W. Somerset Maugham

January 29, 2008

Del puerto

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¿Por qué tengo esa sensación de querer arrojarme hacia el vacío? Me gusta la idea de tu y yo juntos, pero esa idea proyectada en la realidad futura me horroriza. Las hadas siempre se aparecen en momentos de transición ¿será por eso que tu estás aquí? Me falta un párrafo del laberinto. Tengo escondida una ardilla en la cabecera de la cama. Las bolsas debajo de mis párpados no se las quiere llevar Juan Pestañas. Abnegada, así debe ser. Los dos tenemos algo de Fernández, los dos tenemos algo de mar, algo de puerto, algo de partida. Necesito un toque más, otro viaje, explorarlo todo, matarme, quedarme inerte ante lo que para otros es sorpresivo, conocerlo todo y aburrirme del mundo. Cada vez más lejos, cada vez más tiempo, cada vez más remoto. La verdad está en la experiencia. Poseerlas todas y ser más para no ganar nada. Pútrido caminante de círculos concéntricos, humeante, ávido de avidez. Paciencia en el éxito y en el fracaso, en el agujero de la pared, en los del cerebro, la culpa es de ellos. Allá afuera no estoy yo; estoy aquí, contigo ¿no me ves?

¿De qué estaremos unidos tu y yo? ¿De algo guacareado de otro ser? ¿De algo más allá del ser? ¿Más allá del meta ser o meta no ser? ¿Tendrán todos la capacidad de meditar? Todos somos yo, yo soy todos, no hay elegidos. Todos nos podemos reunir en uno, sólo en un momento. Todo es posible en todo momento, las casualidades no existen, son un sin sentido. Estás en todo. Impregnado de lo caduco, caducaré. Lo material, receptáculo de lo etéreo. Filtro de todo lo que pesa, de la suciedad del mundo, envolviendo el primer aliento, haciendo que exista y pierda conciencia. Pero la poca que me queda me arroja hacia ti y me rompo. El vínculo con las estrellas se alarga y hace más estrecho. Delgadito como cuando estiras un chicle masticado. A veces toca el suelo, a veces vuela con el viento, a veces se rompe. Tuviste que pagar muy caro ser diferente. Pues claro que no la olvidas, es una mujer muy abusada, te confronta. ¿Por qué tengo ese antojo de arrojarme hacia el vacío?

Esa poca conciencia que me queda me dice que la muerte me acompaña hasta que yo la acompañe a ella. En todos los caminos del guerrero de Don Juan que nunca leí porque me da hueva. La guerra se hace donde estamos nosotros, aquí adentro, allá afuera no estás tu. El juego está en las fichas sobre la mesa, tu estás en las fichas paraditas que te miran con puntitos negros. Esté será un año importante para mi, si no muero a los 27 viviré hasta los 54. Conócete a ti mismo. Estoy en la matriz, pero no me limita, soy transparente, una cascada de números verdes eléctricos. Soy permeable, pero sólo hasta donde el filtro corpóreo me lo permite, hasta donde siento. Fluyo de aquí para allá tocándolo todo, sin papeles. Nunca dejes que tu felicidad dependa de alguien más, vive tu vida para que nunca te digas “si hubiera,” jamás te arrepientas, si lo haces, estas negando lo que eres, mejor perdónate. Perdónate. Perdón. Perdóname yo: super yo. La moral es la cárcel del espíritu, con barrotes cuadriculados como de filtro. Vacíate. Sé permeable, siempre lleno, siempre vacío. Ligero. Perdido eterno. Loco. Volador.

January 24, 2008

Lo que es chaparro, lo que es

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Se adormecen mis manos después de los tambores. Todavía se sienten retumbar en mi sus vibraciones, recorriendo ondulantes mis brazos, mis piernas, hasta mis manos, mis pies, incluso mi cabeza. La raíz de mis cabellos se arremolina suavemente, empuja pequeñas partículas de piel hacia mi frente, se reúnen en mis cejas, y se desenrollan gozosas a mis párpados. Mi vista periférica se difumina en una zona brumosa y sólo veo claro lo que está justo frente a mi, como caballito de calesa. El cosquilleo en mis sienes hace sonreír los músculos de mi quijada y me reconforta. De alguna manera todo va a estar bien.

January 10, 2008

Respuesta a “La Replica”

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La atemporalidad de historias tantas veces repetidas hasta el adormecimiento cuyo soplo a la mar arquea crestas de agua revoloteadora y espumosa. Uñas delineadas de blanco que se deslizan sin poder aferrarse a la solidez fluida de los diminutos granos de arena en piedras y cal. Solitarios embates que ablandan, pulen y escupen acantilados. Profundiades ciegas que espantan a la desesperanza y enmudecen quejidos. Así, petrificados en pampas tan heladas que no hemos de sentir nada, ni el tiempo. Un canal convertido en raiz de tu iris a mi iris, un hilo sostenedor de existencia en consciencia absoluta, atemporal.

“La Replica”: http://stratolalo.blogsome.com/2008/01/09/la-replica/

December 16, 2007

A lo lejos, nunca jamás

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Me duele todo. Por fin la perspectiva, puedo mirarlo más de lejos sin el olor impregnado de Rwanda en mi pelo. El viaje se hace más corto cuándo lo miro desde donde estoy. Todo en un suspiro de nostalgia, marca inconfundible de un alma desbalanceada. Puse el CD que me dio Eli cuando me fui a Europa el último día que estuve en 506 W 113th Street 3B, New York, NY. Arropado en el sobre verde con el poema en náhuatl que Solal me ayudó a descifrar, con el pajarito aquél translúcido posado en una rama y la ranura cortada en “V” para que pudiera sacar el disco delineaba la palabra “camino.” Hablé con ella desde JFK, imploraba, gritaba de tristeza y de dolor por la partida. Yo estaba demasiado confundido, las señales mezcladas no hacían merma alguna en mis lagrimales, ni en mi garganta, ni en mi mente. A fin de cuentas estaba sobre la plataforma de 10,000 metros listo para lanzarme al espacio y zambullirme en el futuro. Ella sería parte del pasado y como tal estaría condenado a rumiarla incesantemente en momentos de soledad y remembranza.

Después de un par de semanas me quite la piel de Eustacio convertido en dragón. Le escribí un correo deseando tenerla tendida junto a mi desnuda para que los dos nos perdiéramos en el mar sicótico de nuestros miedos. La respuesta fue tardía, común y asquerosamente corriente. Después del rasguño del miocardio con su “simplemente amigos” continué mi angustiosa lectura de la sombra del viento. Llegue a Barcelona para ser recibido con un silbido familiar, aquel que esperaba y hacía para llamar a alguno de los 12. El disco regalado se perdió en la mochila, no sé porqué no lo tiré después de que todas las canciones se marchitaron con la sequía de su respuesta. Regalé la novela carismática al ruiseñor que nada lee porque todo lo inventa en formas y colores para ser el campeón de El Borne. Después de recorrer la ciudad gótica y retocada de Gaudí viajé al pasado reciente en París donde no percibí que perdí a Leila posiblemente para siempre. Caminamos por otra ciudad amurallada atravesamos el canal bajo las aguas. Me despedí del alacrán colorado con una caricia a sus tenazas, lo único que se quedó colgado de un antojo que ninguno de los dos nos atrevíamos a saciar.

El vuelo a Rwanda… el CD seguía en la mochila. Conocí al sastrecito la primera noche loca en la que bailé con rwandeses más cerca y sudoroso de lo que jamás me hubiera permitido en la cárcel moralina de México. Un par de buzos con él en la orilla más profunda de la alberca de los recuerdos fueron suficientes para convencerme que tenía que estar más cerca de su gente y me mudé a Kimihurura. Ahí conocí a Moriaha, alias “La Normita” por su inmenso parecido a mi cuñada. El sastrecito resultó ser el mejor amigo de la infancia de Eli, después el dueño del CD, aquél que cedió a Moriaha para que lo usara a su favor si alguna vez la común y corriente, la gris, amenazaba con meterse con el sastrecito. Así pasó el tiempo entre sábanas de satín y almohadas de pluma de ganso. Entre regaderazos de agua fría frente al espejo debajo del boiler, aullidos del más pequeño en kenyarwanda, cenas los domingos y copas de vino tinto en caja todas las tardes. Dos semanas de saber lo que quería, de haberme encontrado como musungu en medio de remolinos de tierra roja escoltada de parvadas de halcones ante miradas de sentimientos primitivos que atraviezan retinas y se incrustan en la corteza frontal. Último par de semanas de hastío y cinismo que provocaba náuseas a una Rwanda lista para vomitarme. La condición de Santiago, la promesa de la tierra de bueyes.

Tres días en México: Caro, Papás, Liv en el Gato Negro, Gustavo, Papás, Liv, Papá José Ignacio, Daniel, Diego, Mariana, María, Iñaqui, Brenda, María Fernanda, Cote, Ana Paula, Iñaca, Mauricio, Adrián, Tía Lupe, Alina, Poly, Mamá, Papá, Poly y yo en la cocina, Claudio y Angie, Rocío, Tía Alice, Tía Berta, Papá Román, Mamá Elodia, Paco, Fox, Olvera, David, Chema, Armando, Mari Mar y Olvera, Erika, El Match, Mamá. Avión. Santiago.

En un hotel de Santiago pongo a sonar las canciones del CD de Eli grabadas en la computadora. Chile traumatizado por el primer 11 de septiembre y toda la indigestión que provocó. Reservados, clasistas, tímidos y prepotentes. Así, como archiduques de la conquista, una tierra de 16 millones de habitantes. Una franja andina que sólo los más locos y obstinados aventureros europeos se atrevieron a doblegar. El eterno escrutinio, para todo te piden identificación, un número, sientes una pequeña ráfaga de lo que pudieron haber sido los toques de queda y las desapariciones forzadas. Aquí le lloran todavía y le escupen todavía, le avientan rosas y piedras. Perdieron dos décadas de liberación. Las modas son las patinetas y los punks. Raro. No queda dentro de una ciudad desarrollada en el país con la tasa de crecimiento más alta de Latino América. No saben como ser rebeldes, o no se atreven, les extirparon el nudo de nervios estrujados que provoca brincarle. Es una mofa que sólo ellos se creen. Aduladores de culturas europeas, machistas tan enraizados que no se dan cuenta dónde cabe la inequidad de género. Europeos del año 1850, taciturnos. Lo social está muerto: (dormir ocho horas, correr, desayunar, metro, trabajo, metro, casa, cenar, tele, dormir)^n

El trabajo me desespera, la condición es grande, la diplomacia es mayor. Me siento como elefante en cristalería. Me aburro. Pero es la condición. Después la tierra de los bueyes con la mejor educación del mundo. Eli sigue sonando en la computadora y mis latidos y mis pensamientos vuelan a todas en todos los hubieras de todos los cuentos de nunca jamás.

December 9, 2007

Inchis viejas…

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inchis, inchis, inchis viejas.

October 25, 2007

Boca

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Mi espíritu esta quebrado en cinco enormes pedazos de cristal. El reflejo de cada uno se hace más nítido al rozar una canción con los tímpanos. La sensación casi táctil se siente en el paladar, milímetros antes de llegar a la campanilla. Cada cual con su sabor, sabor papilar, sabor emocional, sabor mental, sabor corporal, sabor a olor, sabor a mirada, sabor a sonido, sabor a sabor. Cada uno de esos pequeños reflejos se queda colgado en imágenes, aferrándose por sus vidas al filo vidrioso. Hay cafés, hay calles, caminos, vías, carros y puentes. También hay aviones. Hay letras, palabras, oraciones, libros enteros, correo y borradores. Hay dibujos, pintados y sin pintar. Hay colores, miles de millones de colores centellantes. Hay ojos, iris y niñas con pestañas largas, cortas, juntas, separadas. Hay arrugas atrapadas en expresiones, en el entrecejo, debajo del labio inferior, en las comisuras, sobre las cejas y junto a ellas.

Como ven, las gotas ya empezaron a correr. A veces vienen ligeras, traídas por leves corrientes de viento, briseñas. Otras impactan frío, hechas de hielo quemante, enardecidas. Luego a cántaros, gotas obesas, regordetas y tibias. Así, a oleadas, a las seis de la mañana antes de que suene el despertador. A las doce cuando siento los espacios a lo largo y ancho de la cama. Al medio día cuando estoy de pantalón largo y camisa abotonada hasta el cuello. Pero sobretodo cuando ellos no son ustedes.

Vivo en una algarabía completa de recuerdos gritones que se acurrucan, arrullan y espantan. Por fuera y un poquito por dentro estoy solito. Siempre de aquí y de allá, compartiendo cosas a medias con gente con la que vivo en un pedazo de cristal. Conocerán un quinto, un décimo, la mitad, pero nunca los cinco en uno. Eso sólo lo conozco yo, como tu conoces lo tuyo. No soy de aquí ni de allá. No soy de la tierra ni del aire ni del mar. No soy de esta o aquella. Ni de acullá ni de por ahí ni de por acá. Por más que me elevo a las alturas y me dejo caer rampante sobre mi existencia nunca logro encajarme. Soy un poquito la sal y un poquito la arena, una pizca de barro y un terrón de tierra caliente, una nube cirrus y un cielo azul, un hilo de sangre y un riachuelo de lágrimas, un piano de sonrisas y un trombón de carcajadas, un panteón de silencios, un loco de fantasías, un luchador de dos a tres caídas y la vida sigue, y mis pies no paran, y sigo siendo más de todo, permeable, colorido y multisabores.

September 22, 2007

Exilios no forzados

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Sigo con mi high. El 28 de octubre parto hacia Londres, de ahí a Liverpool, paso una noche y parto a Nueva York, dos noches y a mi México querido, tres noches y Santiago de Chile. Cuatro continentes en una semana. Cada quien tiene sus adicciones, la mía, por excelencia, son los viajes. Una profesora de la maestría me recomendó para un trabajo con EcoSecurities en Santiago de Chile. La empresa se encarga de generar proyectos que entren dentro del Mecanismo de Desarrollo Limpio bajo el protocolo de Kyoto. El objetivo es liberar créditos de bióxido de carbonó y venderlos en el mercado de carbono. Es un mecanismo creado para alcanzar el fin último del protocolo de Kyoto: estabilizar las emisiones de gases invernadero que producen calentamiento global. Como saben, la mayoría de las emisiones vienen de la combustión de combustibles fósiles que utilizamos para generar energía. Así que voy a una industria que mezcla energía, tratados internacionales, administración, finanzas y medio ambiente. No me quejo.

¡Así que los veo en Santiago hermanos!

September 13, 2007

Transición

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Siguiendo el consejo de Antonio Ocaranza comencé a despedirme de Rwanda hace ya unos días. Mi cabeza está en otros lados, aunque mis pies siguen manchándose de roja tierra que se cuela por mis zapatos. Mi piel esta tatuada por completo con historias tristes. Mi garganta está hecha un nudo que tardará meses en deshacerse. Mi alma añora cordillera, árboles invadiendo el camino del sol sobre la calle empedrada, la lluvia de las seis de la tarde, el poker de los jueves, la cruda del domingo con narradores en las orejas, la película de los miércoles. Mi corazón… ¡Ah esa bomba que no puedo engañar! Ese ha comenzado a temblar. Sabe que pronto habrá que apretar, hacerse fuerte, porque se viene un flujo de sangre torrencial que amenaza con romper sus músculos, un río formado de miles de millones de gotas correlonas que convergen en un sólo lugar. Se acabó el aletargamiento, el escape, y aunque quiero resumir las cosas aprendidas estando aquí, se que la enseñanza más grande vendrá en oleadas, una aquí, otra allá. Recordaré Rwanda en mis sueños, en mis pláticas contigo y en mis fantasías diurnas. Llevaré el recuerdo conmigo a donde vaya, hasta mi lecho de muerte.

Al fin y al cabo, Rwanda no es para mi. Es hora de soltarse de la liana y atrapar la otra. Tal vez me caiga, pero no miro hacia abajo, visualizo mi mano asiendo la otra con fuerza y columpiándome al siguiente árbol. Uno más alto.

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Hace unas semanas pensé en escribir el siguiente extracto, me debatí. Pero como me siento un poco cínico y desesperado por encontrarle salida a mi ansiedad por no sentirme tan atraído al desarrollo de África y los pobres, aquí se los dejo.

“Without knowing it, that is how I looked at everyone who came into my life then. This wasn’t because I had no feelings. I wanted to know people. I wanted to love. But I didn’t realize how badly I had been hurt. I didn’t realize that my habit of distance had become so unconscious and deep that I didn’t know how to be with another person. I could only fix that person in my imagination and turn him this way and that, trying to feel him, until my mind was tired and raw.”
“Veronica” by Mary Gaitskill

August 24, 2007

BENIMANA, Gérardine

Filed under: Vitácora

I was born the 23rd of September 1988. I am the one in the middle, between two brothers. Both my parents worked, I know my mother was a teacher. I don’t remember what my father did, but I would see him go out in the morning and come back at night. Today, I only have one uncle and ten cousins left of my extended family. They are all younger than me and fortunately didn’t have to suffer through the genocide.

My parents supported us until they where killed in the 1994 genocide. When the war broke out we where all in the house. The killers arrived, tied us all to chairs and started to strike us with machetes. I saw how my two brothers were being killed, eventually my father begged for forgiveness and bribed the killers to cut us lose. By that time, we were all half dead and he didn’t know which of his children would live. Moments later, he took us to a Hutu neighbor’s house to hide. After some time they put our bloody bodies in the car and drove us to the hospital. When they were asked on the road where our bodies were being taken, the neighbor replied that he was going to dump them in the river. When we arrived to the hospital, my brothers were already dead. I had major wound on my head and I was almost left blind. Killers entered the hospital and my father hid me in a box. After some time I was fit enough to move, but my mother, on the other hand, had to stay behind. I left with my father to the bushes and hid there for a while. We left to a safer place and found refuge with my paternal grandmother who lived with a family of Hutus. My father left me there and went back to find my mother but I never saw him again after that.

I stayed with my grandmother, her husband and my great aunt, until my mother came to look for me after the genocide. She was very ill, her wounds made her handicapped, she could not do anything and needed to be taken care of all the time. Later on, we found a friend of my mother’s to help us and we came to stay with her. Currently, we share her household with 10 other people.

I started going to school for the first time after the genocide with the help of FARG (The Fund for Genocide Survivors). I learned about it while looking for organizations that could help heal my mother. I really liked school although it was difficult for me. I particularly enjoyed team projects because working with others made me forget my troubles.

I believe that without an education you can’t do anything, which is why I want to go to National University of Rwanda to become a psychologist. I chose psychology not only because I love the subject at school but also, because I will be able to help all the people I know are traumatized from the genocide. I also liked English because it enabled me to communicate with the other children I live with. After getting my Bachelor’s degree, I want to obtain other high levels of education and eventually, open a Center for Social Aid.

I dream of having my own family and giving them all they need. However, I think a lot has to happen in my country before that is possible. Foremost, I think Rwanda needs justice; people that committed murder during the genocide must be punished; they are still around and keep bothering the survivors. Then, Rwanda needs to provide more support for students. If this happens then in 20 years time, I think Rwanda will be developed even if the rich-poor divide remains.

If I encountered someone like me today, I would advice her to be patient, have faith in God, to believe and have hope that someday she will have a good life.

Esta historia la tomé la segunda semana que estuve aqui. Hice lo mismo con 68 estudiantes. Hoy fue mi última entrevista. Las demás están y estrán en: http://www.orphansofrwanda.org/our_students/student_profiles.php

August 9, 2007

Juego de manos…

Filed under: Vitácora

Me doy un respiro entre Sylvere Mwwizerwa y Elie Harerimana con Junior Boys “In the morning.” La vida en Kigali ha dado un giro y se adentra en una nube intoxicante de estabilidad que amenaza con la monotonía de todo lo que se vuelve habitual. Entrenamiento de volibol lunes, miércoles y viernes a las 16:30, cenas los martes y jueves, y salidas al lago Kyvu cada quince días. El tiempo sigue la forma que el cincel de la voluntad impacta vorazmente sobre su contorno. Mientras tanto la mentalidad mordaz y rabiosa sigue debajo de la sociedad rwandés. Los Tutsis y los Hutus guardan su distancia y esperan una chispa lo suficientemente grande para que valga la pena lanzarse de nuevo uno contra otro. Sylvere nunca había visto una granada hasta que los cinco hombres más fuertes de su aldea volaron en pedazos frente a él. Seducido por el poder de las armas y el porte de los soldados decidió unírseles. Su trabajo era cargar sus mochilas y correr frente a ellos. Si explotaba una mina, si alguien le disparaba o si simplemente se perdía de vista la tropa se detenía para planear el ataque. Sus cicatrices lo demuestran. A Elie lo etiquetaron desde que entró a la escuela. Marcado por su apellido Tutsi como hijo ilegítimo de su padre fue asediado por sus compañeros. En el genocidio lo pusieron junto con los de su etnia en el paredón, momentos antes del disparo fatal fue salvado por las negociaciones de su padre. Gracias a Dios, según él. ¿Quién habrá decidido en que familia habría de nacer?

Mientras más escucho estas historias más recuerdo las peleas de chiquillo. La inocencia de la gente aquí es parecida a la de un niño. La capacidad que tienen de sorprenderse es envidiable. Para Gaardner, vivirían en la punta del pelo blanco del conejo que sale del sombrero del mago supremo. Hay muchas cosas que no conocen, que no saben como funcionan o que no saben para qué hay que tenerlas, pero las quieren y las persiguen desesperadamente. Como una educación universitaria. Siguen dogmas y principios como tabúes y leyendas. Lentamente se alejan del superhombre y se acercan más a nosotros. Su inocencia y nobleza salvaje se asemeja a la de un pequeño que no conoce el odio detrás de una mentada de madre pero que sabe que si lo muerden él tiene que jalar el pelo. Recuerdo que cuando yo entraba en una escaramuza de niño mi mente se ponía en blanco, lo que más quería era causar el mayor daño posible. En medio del combate alguien nos separaba; sólo entonces se medían las heridas causadas. Después la reprimenda, la reflexión, la vergüenza, la culpa y la cruda moral. Así fue el genocidio, como una pelea entre niños-hombres que se salió de las manos, liderada y encendida por cuasi-hombres incapaces del asombro. Acá la escaramuza duró mucho más y la pérdida fue inmensamente mayor, así pues dependiendo el sapo la pedrada. El tiempo de reprimienda, de reflexión, de vergüenza, de culpa y de cruda moral sigue hasta hoy, habrá que ver si una vez que se vaya mamá ONU, papá EUA, tíos y tías ONGs y director gobierno los niños no empiezan a jalarse las greñas y hacer sangrar sus narices una vez más.

July 25, 2007

Ochocientos mil

Filed under: Pensamientos

Estoy agresivo. Las tres primeras noches que estuve aquí soñé con discusiones fuertes, lágrimas de frustración y una golpiza que le acomodaba a un tipo insolente que se burlaba de mi a carcajadas. Es exactamente el mismo sentimiento que tenía cuando molestaba a Rocío en el kinder porque me gustaba. El mismo que me hizo aventarle una pila Duracell “D” al niño que siempre me quitaba de los juegos en preprimaria. Lo que sentí por primera vez contra Francisco cuando me hizo manita de puerco en la cancha del Salón 25. Lo que empujó las lágrimas y tensó mis músculos cuando mi hermano lloraba en el suelo porque alguien le había pegado. La furia que transmitía mi quijada apretujada cuando el profesor Herrera Herrera nos daba con la regla metálica en el dorso de las manos. La impotencia y frustración cuando el hermano del Tepiteño me zorrajó un puñetazo en el ojo que lo hizo sangrar. Cuando Crispín me enseñó el autoritarismo al afirmar que como maestro el tenía el sartén por el mango y me freiría cuando quisiera. Lo mismo que hacía que mi madre y mis tías repitieran constantemente: “¡Qué carácter! ¡pobre de tus hijos y tu esposa!” Ese sentimiento que me hacía seguir adelante para demostrarles a todos que a pesar de ellos permanecería en pie después de su tiempo.

Como todo cambio importante este pasó paulatinamente. Dejé de tener porque quejarme, dejé de sentir que yo o el mundo sufría una enorme injusticia, dejé de sentir que no pertenecía, empecé a hacer amigos, dejé de estar sólo, dejé de sentirme incomprendido. Dejé de sentir agresiones constantes provenientes de todas partes. Aprendí a ser cínico para apagar la culpa martirizante. Y con ello se fue la violencia contra la humanidad.

Pero recientemente la agresividad se ha estado asomando. No entiendo. No sé porqué pasó. No lo puedo comprender. Como pudo ser que mientras ella rezaba alguien le diera un hachazo en el occipital que la dejara ciega por semanas. Cómo el padre de aquél asesinó a su madre. Cómo la madre de aquella otra se ofreció a los asesinos físicamente y ellos decidieron violarla frente a ella. No bastando esto los sobornó con dinero para que se marcharan sin hacerles daño. No entiendo como los amarraron cada uno a una silla y empezaron a descuartizarlos a machetazos uno por uno. Cómo pudieron tomar a los bebes de las piernas usarlos como boleadoras y arrojarlos contra la pared para estrellar sus cráneos ¡¿Cómo es posible que el mundo entero volteara la mirada?! 800,000… 800,000… 800,000…800,000… 800,000… 800,000… 800,000… 800,000…800,000… 800,000… 800,000… 800,000… 800,000…800,000… 800,000… 800,000… 800,000… 800,000…800,000… 800,000… 800,000… 800,000… 800,000…800,000… 800,000… 800,000… 800,000… 800,000…800,000… 800,000… 800,000… 800,000… 800,000…800,000… 800,000… 800,000… 800,000… 800,000…800,000… 800,000… 800,000… 800,000… 800,000…800,000… 800,000… 800,000… 800,000… 800,000…800,000… 800,000… 800,000… 800,000… 800,000…800,000… 800,000… 800,000… 800,000… 800,000…800,000… 800,000… 800,000… 800,000… 800,000…800,000… 800,000… 800,000… 800,000… 800,000…800,000… 800,000…

Llevo 28 entrevistas de 68 en tres semanas, algunas a detalle otras pasan por el genocidio vertiginosamente sin descripciones, esas son a las que les tengo más miedo.

Si me tocan, me desmorono, por eso no lo permito… estoy agresivo.

July 19, 2007

Abana

Filed under: Relatos/Cuentos

La camioneta noventera Nissan 4x4 se estacionó frente a la casa de los parientes de Annie, la esposa de Jean Baptiste. Una zanja de tierra de medio metro de profundidad bordeaba el terreno. Mientras el conductor, JB, y su esposa, Annie, entraban a la casa para comunicarles que habíamos llegado por ellos, Clementine (la gringuita güerita escuálida compañera de oficina) y yo esperábamos en el coche.
- “¡TSSSSSSSSST!”
Volteé a mi izquierda para ver quien hacía ese ruido.
- “¡MUSUUUUUUUUNGU!”
Un chiquillo de apenas cuatro años, mocoso, chorreado y descalzo me gritaba desde la otra acera como si se tratara de un juego de niños en el que yo traía la roña.
- “¡MUSUNGU! ¡MUSUNGU!”
En el momento en el que nuestras miradas se cursaron se quedó quieto y lentamente se dibujó una sonrisa en su boca. Le sonreí y regresé a mi estado previo con los ojos al frente.
(Un minuto después).
- “¡MUSUUUUUUUUUNGUTSSSSS!”
Una vez más voltee la mirada, pero ya no sólo era el rapaz original el que me contemplaba a 20 metros de distancia, alrededor de él se habían conglomerado cinco escuincles. Una docena de ojos me miraban impávidos, quietos, juguetones, y serios. Esta vez decidí devolverles no sólo una sonrisa sino un saludo con la mano, al ver aquel movimiento extraño reaccionaron rápidamente y se esparcieron por la calle como canicas cayendo de un saco roto.
No pasaron ni cinco minutos cuando me vi envuelto en el inicio de nuestro ritual una vez más.
-“¡MUSUMGUSTSSS! ¡MUSUNGU! ¡MUSUNGUTSSSS!”
Los veinte metros no eran ahora más que 10 y los doce ojos eran ahora 20. Todos detrás del chamaco aquél que lo había comenzado todo, un verdadero pequeño diablillo. Había niñas en vestidos grises que habían sido blancos para la primera comunión, había más descalzos y medio descalzos, huaraches y zapatos de charol sin brillo, trenzas destrenzadas, babas secas, y ojos contemplativos de todas las edades infantiles.
Los miré sin emoción. Me sentí como gorila de zoológico y como payaso de plaza pública a la vez. Tenía la obligación de hacer algo, un pequeño malabar o caras o magia. Algo que yo soñaba que hicieran los primates en Chapultepec cuando se quedaban ahí perezosos sobre el pasto y las ramas sin hacer nada. O cuando de niño deseaba que el mago me escogiera a mi para el truco. Así que salí muy lento para no espantar al puñado aquel de piernas nerviosas. Una vez afuera no lo pude resistir, lo tenía que hacer. Me puse casi en cuclillas di la vuelta estrepitosamente para encararlos, alcé mis brazos, abrí mis manos y di un alarido espantoso. Los hubieran visto correr, todos salieron volando menos el diminuto demonio aquél que lo había iniciado todo, el cual se quedo inmóvil, temblando de miedo, mirando para todos lados sin saber que hacer…

July 5, 2007

Musungu

Filed under: Vitácora

Después de tocar tierra (escala sin bajar del avión) en tres países -Italia, Etiopía y Kenya- finalmente llegué a Kigali, Rwanda. El subdesarrollo se acercó precipitosamente, conforme desciende el avión más me entierró en él, en algo que me imagino fue la ciudad de Chilpancingo hace 60 años, terrasería y fantasmas de La Revolución. Desde el avión a penas se veían montoncitos de chozas a cien metros de distancia de cada uno, de oscuras paredes y techos de palmera, entre ellas verde, mucho verde, y la tierra negra, no café como la nuestra. Pensé que tal vez es cierto que todos estamos hechos de barro y las tonalidades coinciden con la orografía de la tierra de donde venimos. Pero hacía falta algo, no había carreteras, los caminos eran a penas líneas de grafito y por la altura no podía juzgar si eran para caminar o para coches, después me daría cuenta que son para ambos y otros animales. La menguante distancia entre el avión y el suelo me hizo notar que no había cableado, ni de luz, ni de teléfono, vi Chalco en su opuesto ¿Agua y drenaje?

Para hacerme sentir el sabor de falta de etiqueta rigurosa mi maleta no llegó, después de hacer cola media hora dijeron que llegaría pronto: en dos días. Recordé entonces al hombre del mañana. Habiendo vivido un sólo tipo de subdesarrollo no me quedó más remedio que utilizar México como referencia. El clima es como Cuernavaca, pero ahora, en temporada seca, no llueve, la vialidad es cómo las Lomas, Bosques o Interlomas, llena de calles circulares que no tienen ningún orden o sentido geométrico, todo sobre colinas, pero las barrancas no están llenas de paracaidistas de entre Las Águilas y Plateros. La ciudad es sorprendentemente limpia, lo que podría pasar como sucio es sólo tierra, y verde y más verde, aunque la vegetación no es espesa, es bastante chaparrita, pero abundante y colorida, llena de vida.

Me recibieron gringos, que sin darse cuenta hacen comentarios arrogantes que cortan el subsuelo, abriendo llagas de escasez material, jurídica y pedagógica. Pero no se si esto sea peor a la exageración de su tacto que deja entrever un dejo de lástima, su condescendencia enferma, encerrados en su mundo, en suposiciones, en la idea que se crearon de lo que es Rwanda sin poder ir más allá de ellos mismos, ¿en qué idea viviré yo? De inicio se que no puedo escapar mis comparaciones con montañas mexicas y tal vez nunca lo deje de hacer. Pero debo decir que a mi me trataron muy bien, asumiendo que estaría acostumbrado a sus mismos placeres, a lo que ellos llaman necesidades básicas. Esta bien, lo admito, lo estoy, pero tengo ventaja sobre ellos, la que me dio mi tía Cucus en San Miguel de Allende, Toluca, mis visitas a Orizaba, Morelia y Guadalajara, mis tíos abuelos en Veracruz, Acolman, a veces Axiomiatla, Santuario, esa semana en Patamban, y la mitad de aquel año en Raleigh, mis baños de pueblo y carestía. Como en México, acá es barato sobrevivir como pobre, fácil morir como muy pobre y demasiado caro vivir como vivimos. Afortunadamente todavía no hay pobreza urbana, la diferencia está en los detalles.

En 1994 murieron 800,000 Tutsis a machetazos, pedradas, bastonazos, asesinados sin balas por sus compatriotas Hutus en menos de tres meses. Compatriotas ¿Qué significa ser de un país o de otro? ¿Tutsis? ¿Hutus? Cómo estamos casados con clasificar y que nos clasifiquen para hacer nuestra existencia sufrible. Visité una iglesia en donde se escondieron entre 5,000 y 10,000 Tutsis durante el genocidio, ninguno -hombres, embarazadas, niños, bebes, adolescentes, mujeres-, nadie sobrevivió la irrupción de un puñado de Hutus a lo que más tarde sería una fosa común de superficie. No narraré las atrocidades que sucedieron ahí, pero digamos que la Alhóndiga de Granaditas es un cuento de hadas, y que a Maximiliano realmente lo trataron como emperador cuando Juárez le cortó las piernas porque no cabía en el sarcófago estampado para Austria. Las manchas de sangre siguen ahí en sus paredes. Nadie habla del genocidio, pero está ahí, como la segunda guerra mundial está detrás de cada alemán. Ya todos son rwandeses, ya todos alemanes, ya no hay una y otra tribu, ya no se siguen órdenes por seguirlas. Eleanor llegó hasta aquí, como allá, y con ella el respeto a la vida.

La gente, sus ojos, sus miradas curiosas, el blanco teñido de sangre oscura, de opacidad, queriendo olvidar recordando. A diferencia de los indígenas mexicanos que visitan nuestras casas a cocinarnos, hacer la cama y criar a nuestros hijos, nuestros campesinos, estos te miran directamente, no agachan la mirada, tremendamente serios, sin sonrisas, sin furia, sin felicidad, pero estables, dueños de si mismos, en armonía con sus cuerpos que se cubren con telas que no les quedan bien sea el corte que sea. Todo inocente, bueno, noble de primera impresión, para usarse en ventaja y desventaja.

La danza y el canto surgen como chorros de agua de manantial, espontáneos, alegres, la vida lo llena todo, de aquí pa’l real. Los hombres se toman de la mano, caminan abrazados, bailan juntos, así está bien pero que no los vean con una mujer porque la sociedad se abalanza como la Santa Inquisición. Sí, me lo imagino como el México de los paseos por la alameda, o los círculos contrarios que se hacen en el andar de adolescentes alrededor del quiosco del centro, na más que allá el macho, tradicional y conservador ni con uno ni con otro sexo en público. Todos caminan por la calle, por la carretera, miles de gentes, ni en bicicletas, ni en combis (que hay), ni en coches. Caminan a paso lento, no al paso neoyorkino al que me acostumbré, se platican mientras cargan kilos de comida en sacos sobre sus cabezas, van lento porque van lejos. ¿A dónde queremos llegar nosotros con tanta prisa? Todos al final somos el tinte de los que vendrán después.

Me gusta imaginarme como un gringo visitando Tierra Caliente, que ve todo tan sorpresivamente rural, arcaico, atrasado, pero que tengo un as bajo la manga, mi México, los gringos que acompañé a las pirámides y paseé por Coyoacán sabiendo las historias, el sello del subdesarrollo y la lástima de los del norte, y sobretodo, la conquista, 1847, 1910… pues además de los asesinatos contra un grupo étnico especifico con intención de exterminarlo no hay que olvidar la colonización de los blancos bravucones, codiciosos y depravados.

Este mes entrevistaré alrededor de 50 huérfanos, dos por día, habrá preguntas de su infancia, de cómo sobrevivieron la masacre, de lo que quieren ser cuando sean grandes, de las razones, de los obstáculos para alcanzar su sueño, de lo que está por venir. Para dejar su historia inscrita en los anales de la humanidad.

July 3, 2007

Truth aside

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“Everyone tries to create a world he can live in, and what he can’t use he often can’t see. But the real world is already created, and if your fabrication doesn’t correspond, then even if you feel noble and insist on there being something better than what people call reality, that better something needn’t try to exceed what, in its actuality, since we know it so little, may be very surprising. If a happy state of things, surprising; if miserable or tragic, no worse than what we invent.”

“The Adventures of Augie March,” Saul Bellow

July 2, 2007

El día antes de partir.

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Son las 3:48 de la tarde, estoy sentado en la sala de un hostal de esos baratos para los que solo sirve quedarse una noche… Londres no decepciona, ni su comida India ni sus calles llenas de mujeres pelotudas, con un sentido de la moda golfezco, sucio y burdo, como las nalgadas que te dan sin preguntar, como la sonrisa que te regalan al volverse para despedirse después de una noche lujuriosa, sin inocencia pero con la mugre escondida bajo la alfombra que nos une.

En menos de cuarenta minutos partiré al aeropuerto, resalto las horas pues es el pasar del tiempo lo que mantiene mi mente ocupada, quiero salir corriendo de la puerta, tomar el metro, dejar todo atrás, como aquellos momentos antes de partir a tierras de Kanata, curarme del hastío, limpiarme del hedor que llevo dentro de mi por comer lácteos, pan y carne, darme un baño de otra realidad, despabilarme de la neblina que endroga y seduce los placeres de un cuerpo flácido acostumbrado al bien comer, el bien dormir y los ejercicios para hacerlo inútil pero estético. La regurgitación comenzó ya a notarse físicamente, dejo la piel, literalmente, pegada a la camisa, en las calles, en las sillas, en el sillón del café de la mañana, en mis manos que todo tocan, en el pasto, en la boca de alguien que camina con la boca abierta cual red para atrapar una de mis hojuelas de piel descarapelada por la ardida que me puse en Barceloneta. Hago ahora el viaje que tantos miles de otros hicieron al corazón de las tinieblas, de Londres al píloro de Africa.

Así que mudo de piel cual reptil rastrero sin patas como también mudo de continente. Seré un extranjero pero ahora de manera refrescante ya no ni en mi propio país, ni en las madres patrias, lo seré en lo espeso de la incertidumbre, en los oprimidos por los que fecundaron mi sangre y construyeron iglesias con los monumentos a sus dioses, los intercambiaron cual animales de carga, violaron a sus mujeres, rastrillaron sus tierras, magullaron sus mentes, envenenaron sus principios y volvieron sus deseaos rastreros –por lo menos. Seré para ellos uno más, un hombre blanco más, no importa para qué o a qué, seré lo que ellos quieran que sea y no tendré nada con qué defenderme, seré presa de sus juicios, sin poder hacerles entender que soy mexicano, heredero también de explotación y atrocidades sobre un pueblo cuya historia llevo cicatrizada en mi espalda, porque ni yo entiendo de qué pueblo estoy hablando y no sé hasta donde le pertenecí. Dejo pues mi dermis -como tratando de limpiar el lienzo en donde puedan ellos teñir su historia ya con caricias o arañazos-, como mi ofrenda… no estoy preparado para todo, pero me entrego como Grenoullie al festín.

June 16, 2007

EUROPAS

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Regresé por doceaba vez a la vieja más puta de todas, el continente más tocado retocado y explorado, deforestado y replantado, destruido y reconstruido. Se perdió el sentimiento de novedad, el impacto de “otras culturas,” si no de ellas por lo menos del primer mundo. Mis viajes se han vuelto deshabridos y ahora hay que exprimirles para que saquen sus últimas gotas. Aunque sé que Europa guarda más de lo que jamás podré descubrir, ahora mi relación con ella es una vieja amistad no una nueva aventura, ahora vengo por la gente, por mis amigos. Lo nuevo vendra del continente generador de todos nosotros, el negro, el más primitivo y aún así el más virgen, inocente y noble. Llego a Kigali el 29 de junio.

May 9, 2007

Terminou…

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Señores y señoras: ¡¡¡¡¡TERMINOU!!!!! Se acabó la maestría. También superé a Gruchengka. Ahora a ver si puedo resistir la tentación de las indomables, disfrutar de las mieles y escapar antes de la tempestad. Pero más importante aún, perderle el miedo a estar con un ángel, mi digestivo, ya no hadas, ni brujas, salir de esa mitología estúpida, cuando lo haga, este espacio morirá.

April 30, 2007

El asqueroso cuento de nunca acabar

Filed under: Vitácora

La historia termina sin final concreto. La vibración de los errores cometidos reververa incesantemente entre el corazón y la costillas. Los rebotes producen energía, los pulmones se llenan, ya a punto de estallar se abre la válvula de escape. La traquea conduce el aire a las cuerdas vocales y sale rugiendo un alarido de desconcierto. Terminó, pasaron los días cargados de expectativas, miradas y deseos a ser mundanos, simples y ordinarios, sin olor. Así fue la pequeña ráfaga erótica que quemó mis entrañas, pequeña estrella fugaz que se desintegró en mi estómago. Pasaron los días, levanté una piedra, debajo estaba ella, una de esas que se crean por generación espontánea. Gris. Cómo todas llegó sin preguntar, diferente a las demás se irá antes de acomodarse. Sin saberlo me habrá impactado igual que las que sí lo hicieron. Estoy harto de sentirme atraído por lo mismo, escarbar apenas un poco para que todo el monte de tierra se desplome, para descubrir el cobre concentrado apenas unos centímetros bajo la superficie. No soy tan chido. No soy tan cool. No he tenido experiencias homosexuales. No he probado más que marihuana. No he tenido un año de locura en el que me codeo con el jet set, ni con los artistas, filósofos y bobos resueltos e irresueltos. No he escrito poemas publicables, ni prosa, ni un panfleto. Soy fresa. Me gustan las “cosas bien.” Me da pavor cualquier dejo de sordidez. Me atrae el drama asquerosamente barato. Me gusta la aventura pero me aferro a mis principios. Me seduce saber que tengo un canal, que me conduzco siguiendo una guía sólida, fría y aburrida. Pero predecible, confiable, buena y recta. A pesar de ello hay otra, y vendrá otra, pero se despedirán antes de haber llegado, yo seguiré sin ser tan cool. No lo entiendo.

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