Digestión

January 31, 2006

Rspuesta a Respuesta a Respuesta a Lenguas

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A penas y eran unos cuantos pasos los que nos separaban. Cada uno en una relación íntima con las teclas de su teclado, no hacía falta más, el simple golpeteo de la llema de mis dedos me transportaba, golpeaba tus costillas, tus caderas, tu vientre, tu cabeza. Mis manos resbalaban hasta el borde del escritorio, era tu tibia, tu peroné, tu tobillo, tu pie. Recorrí entonces tu muslo, el abductor y el cuadriceps, tus nalgas, tu sacro, tu cadera izquierda, hasta darte la vuelta quedando frente a ti mientras daba un trago al café.

De las brujas grises… y otros placeres

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Estimados, es para mi un honor, un privilegio, un placer y todas las demás palabras de júbilo que no me sé por mi escaso vocabulario, comunicarles que me he topado con una bruja gris. Digamos que nos descubrimos, o que nos encontramos, ya que cómo diría ella, cada quien encuentra lo que busca. Ahora me dispongo a narrar el goteo de sentimientos que se estrellan en el jugo gástrico de mi estomago. Después del propósito de quitarme la máscara de Don Cabrón, de huir del refugio que me protegía ante los incesantes azotes viles de la naturaleza, de quitar capas y capas de maquillaje, plástico, madera y acero inoxidable, granito, titanio, platino, un hindú haciendo yoga, lo más resistente pues, que me voy tropezando con ella ¡AKALA! (gracias Eli-Chema)

A pesar de los poderes divinos de Mondo, no creo que está vez pueda salvarme. Estoy enredado. Lo más misterioso del caso es que mi corazón palpita nervioso dentro de los barrotes costillares en mi torso, es como un perro que necesita salir a saludar a su dueño pero lo han educado a quedarse dentro de la casa y no hacer nada hasta que le abran la puerta. Primero saldría corriendo para saludarla, mearse de la emoción, recibir dos o tres palmadas y después escabullirse para el otro lado. Aquella bomba jadeante no deja de moverse y no me deja concentrarme en sus ojos, su boca, sus palabras y sus movimientos. Es como si fuera el cepillo aquel contra el que rosa una rueda de metal que crea electricidad o estática, o qué se yo de física. Cuando se está con ella la manivela está dale que te pego, dale más fuerte; cuando la dejo, la rueda gira un poquito namás y termina el abuso del aparatejo ese. Total que ahora llego cargado de electricidad y de alguna manera tengo que descargarla en está hoja virtual, eléctrica, para poder dormir.

No sé. No tengo ni puta idea. Soy un pelmazo, un idiota, un retrasado mental, un lelo, un baboso y todo lo demás en lo que se convierte uno con alguna brujita que le guste ¿Qué va a pasar? Sepa la madre, nos podemos enamorar o no volvernos a ver o algo entre esas dos opciones. Y no, no es divertido, es aterrador. Lo qué más me atormenta es que toda la experiencia anterior con brujas negras y blancas se fue al carajo, mezclándolas harían una gris, palitos uno, ok ok ok… ¿Qué si es más negra que blanca? Yo diría que si porque mi corazón late más pallá que pacá. ¡BUUUUU! ¡Ay nanita! No se asusten mushashos, vamos pian pianito.

¿De dónde sale lo negro? De que ella sabe que tu la necesitas más a ella de lo que ella te necesita a ti, que ella ha vivido cosas que tu no entiendes y probablemente jamás entenderás, cosas que rompen tu esquema, cosas que van contra lo que el jarabe de todos los días de hace alucinar como correctas, que tu intentaste y no te salieron, de que ella tiene el control y tu no, de que ella te repite y te repite y te repite “No te, clac, clac, claves.” Que el único pendejo que está tratando de ligar palabras con significado eres tu y para ella es todo cotorreo, tu pendiente de cualquier pista que te den y ella parsimoniosamente deslizándose en la vida. Porque tu hablas como degenerado exponiendo los secretos más tuyos, tu yo interior que es feo como Gollum, y ella calla, observa y escucha. En que ella valora más su libertad que su remota vida contigo, arriba la aventura y abajo lo cotidiano, cueste lo que cueste, inclusive tu mismo. Porque es testaruda y cree que las predicciones de las personas que más la conocen no se van a cumplir, porque aborrece la idea de que la sepan leer. Porque quiere tener opciones, quiere sentirse capaz de poder vivir lo que desee, sin darse cuenta que ese mismo camino ha fijado ya su curso y dirección. Porque es de descendencia francesa. Porque tu no la conoces, porque no sabes ni la mitad de lo que dices cuando crees describirla, porque jamás podrás ser tan cabrón, porque hagas lo que hagas ella se escapará de las manos, de las mías por lo menos. Por que yo escribo esto y ella probablemente esté dormida.

¡Por su puesto que lo he visto antes! El miedo viene de lo incierto pero también de lo incierto conocido, cuando ya sabes qué tan incierto puede ser. Should I stay or should I go now?

¿De dónde viene lo blanco? De su sinceridad, de su franqueza, de su autenticidad, de su honestidad, de su contundencia, de su coherencia, de su compromiso consigo misma, de su pena a decir ciertas cosas, de su concepto de intimidad, de su lealtad, de su respeto hacia ti, de su apego a las reglas básicas de cordialidad en una relación. De que es la única persona que te asegura que no te vas a clavar con ella. De su año en Paris al terminar la prepa, de ser foránea, de tener la piel morena y hablar con acento. De su afán por conocer y darte el beneficio de la duda en tus afirmaciones. De que de repente, si abres bien los ojos puedes darte cuenta de su nerviosismo, de sus ganas de estar contigo en realidad y no en la farsa de un amor que jamás despegará por mucho que calientes los motores. De cómo abraza a sus amigas, de su creencia en una amistad desinteresada entre un hombre y una mujer, de sus intenciones de amistad a pesar de la atracción, de su deseo por verte bien y dejarse ir a nadar en el lago que tu le llenas enfrente mientras no hagas olas. De su confesión de no saber si podrá contigo. De su perplejidad y posible enojo cuando me lea.

If I go there will be trouble, if I stay it will be double.

¡Qué intensidad! Y dale que te pego con la manivela, y dale que te pego con el cepillo aquel que quiere más electricidad aunque al corazón le den ganas de hacer pipí, tal vez de miedo, tal vez, quizá, quien sabe… probablemente la madre. Ay brujita gris pintada por mí… nadie más a quien culpar más que a mi. Juan ¿qué chingados quieres entonces? Vivir. Enamorarme. Comprarte una iguana para meterla en una jaula y controlarte, y así no puedas escaparte. Tenerte quieta, inmóvil, para no sentirme exigido a la aventura siempre, para poder relajarme, para poder estar contigo sin estarlo, para sentirme seguro en tu ausencia, para ser la estrella sobre los terrestres. Para que nunca me digas que no. Para que sepas que la cotidianidad conmigo siempre será aventura si te lo permites.

Quería llorar en la fuente sabes, quería arrojarme a ti y que lleváramos una eternidad juntos para que no te sintieras incómoda y así yo no sentirme incómodo y poder llorar a gusto. Es demasiado para mi, para el yo desenmascarado (gracias Eli-Chema, sí, las velocidades las meto de primera a cuarta de un jalón). Si no sale escribiendo, saldrá con el llanto; me encargaré de cargar siempre con papel y lápiz.

January 29, 2006

Respuesta a lenguas

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Estoy calentando, estamos calentando y queremos que todo alrededor se caliente. Pero no sólo porque se sienta así quiere decir que es así. Somos sólo una llamarada que espera pasarle lo suficientemente cerca a alguien para prenderlo, para encenderlo en ese momento, para que nuestro aleinto llegue a lo más hondo de sus entrañas y las convierta en fuego y agua. Que vayan por ahí goteando carne fundida, y que finalemnte lleguen, sin reconocernos.

Nostalgie

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¡Ay nostaliga! Rendida ante los recuerdos creídos olvidados, ante los olores, las pestañas, las muecas, los guiños, las caricias, las lágrimas, los olvidos no recordados. ¡Acúrrucame en tu rebozo y pégame a tu seno, dame de beber tu leche, nútreme de melancolía, inúndame de tristesa añeja, arrancame el alma sin llevartela toda, quedate conmigo, un rato, un ratitio, un ratititito nada más! No, no te vayas ¿A dónde vas? Te recordaré, estarás conmigo siempre, tu ausencia me faltará en los espacios que sirven para definirme, estarás presente por la eternidad en las extensiones de tu espíritu dónde no puede entrar el mío. No puedo hablarte, ya no hablo lo que tu hablas, no te endiendo ni tu a mi: ni nosotros. Esa voz no es la tuya, esa voz no es la que escucho en mi cuando te hablo, no eres tu, ajena, aléjate, déjame estar aqui contigo, en mi. No hables, calla, dame tu silencio, quédate así, quietecita, sin decir palabra, así, yo pondré el guión, los olores, los sabores, las caricias, las pestañas, las lágrimas, el sol a las tres de la tarde en tu ventana, las canciones de antes, las nuestras, no quiero las tuyas ni las mías. Calla un momento, calla para siempre, quédate intácta, así, eres mi recuerda, mi recuerdo en femenino y singular, mi recuerda, mi recuerda, mi recuerda… sólo en el silencio.

Extensiones

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Tu,

El tiempo se contrae a pesar de la distancia. La
lejanía existente entre los dos es la medida
perfecta para que los granos de arena no sean una
carga demasaido pesada para mi espíritu.

Cronos pierde la batalla ante la angustia una vez
más. El insomnio reance con la noción de tu
existencia en el instante mismo en que tu ser
reposa sobre la extensión del espacio.

Tus palabras fueron un pellizco a mi conciente.
Despertarón mis emociones en ayuno con hambre de
ti.

Tuyo,

Sol de tarde

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El Sol entraba por la ventana aquella tarde, ella estaba sentada en el escritorio con una mirada que volaba hacia una realidad alterna y regresaba para buscarle lógica al pasaporte de contaduría que forzaba su concentración y hacia que su ceño se frunciera. Mientras tanto la tibieza de la tarde se acomodaba en el cuarto acariciando las paredes. La luz de la lámpara se hacia más necesaria para distinguir los detalles de su faz, sin embargo encontré en las sombras matices y rincones que no habían descubierto mis ojos aunque ya habían recorrido su cara tantas veces.

El texto frente a mí llamaba mi atención, mi sentido de responsabilidad había obtenido un gran poder sobre mí en el último año. Mis deberes parecían digerir mi voluntad y hacían que esta me cegara de emociones siguiendo únicamente lo que pudiese ser bueno para mi “formación” y “rectitud”. Pasaron cinco minutos, ¿Quién se cree Wittgenstein? Cree que puede resolver los problemas de la filosofía con una reducción de la vida al lenguaje, será que acaso él sabrá pensar el amor y describirlo. El amor no se piensa ni se expresa, las palabras no alcanzarían para describir lo que en ese momento pasaba en ese mismo cuarto. Dos almas en un mismo tiempo y espacio, compartiéndolo todo, solapando su existencia y apoyándose contra todas las inseguridades de las que un filosofo se cuestiona; sin decir nada, pues nada puede decirse del amor, cantantes, poetas y novelistas han intentado sin embargo tendrán que aceptar que lo único que hicieron fueron intentos fallidos.

Seguí leyendo el texto, llenando mi mente de símbolos y recordando lo que significaban al mismo tiempo, sí como dice este físico matemático con pinta de intelectual. El desarrollo del lenguaje modifica, el hombre lo inventó para llegar más lejos, pero acaso nunca pensó en la otra cara de la moneda, las palabras destruyen y uno no tiene que ir a su significado para darse cuenta que lo están hiriendo, no tiene que saber lo que significa estúpido para sentirse ofendido, no, no es necesario; basta romper el silencio. El ruido con que retumban las palabras en los tímpanos de los hombres, el odioso sonido que sale y retruena quebrantando el momento sagrado creado entre dos espíritus que se entienden que se mezclan y se separan. El abrumador estruendo con el que las palabras asfixian la vida de lo inexpresable, matan el momento compartido y lo reducen a un acto sucio, a un acto bajo: a un acto humano.

Así pues deje a un lado el texto cuando un chillido de la silla me hizo voltear a verla, en silencio, en su mundo, conciente de mi presencia, segura de mi amor por ella. Boquiabierto con la boca cerrada la observe, escuche su respiración y sus gestos que tanto decían sin palabra alguna, con un lenguaje ininteligible: impronunciable. Solamente la experiencia puede abrir la puerta del alma para dejar entrar la claridad de un momento como el que estaba viviendo. Dejando fuera el intelecto y a la espantosa incomodidad que da el sentir un vacío de palabras, el que compromete a la lengua a articularse en palabras con mucho significado y pensamiento pero que, irónicamente, para mi amigo el filosofo-arquitecto, serían un autentico “sin-sentido”. O dígame alguien ¿Acaso tiene algún sentido tirar al suelo lo que nos eleva por los aires, que nos lleva a lugares increíbles, nos hace sentir sin los sentidos y nos guía con una luz impecable a la felicidad plena?

La tarde se despidió en silencio y nuestros espíritus volaron.

Lluvia

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Cuando pienso en ti, no puedo dejar de pensar en la lluvia. Esa agua mágica que cae del cielo, es espeluznante la idea de cómo llego a estar ahí arriba en las nubes, tan cerca del Sol y de la Luna que la acarician y de las estrellas que la llenan de luz titilante.

Tu presencia es como un aguacero de emociones que empapa mi ropa y sigue mojándome hasta alcanzar mi piel. La envoltura fresca que me rodea, toca cada uno de mis poros y se filtra hasta mi interior. Arrinconando a mi corazón sigue hasta que lo atrapa junto con mi alma.

Tu aguacero no para, la lluvia de cántaros sigue su camino sin mirar a quien moja. Pasa por la gente de la calle, pasa por los techos de las casas, recubre calles y puentes, salpica al mar y a los ríos. Deja sin esperanza los limpia parabrisas de los conductores. Todos están conscientes de tu presencia, es incisiva e irrespetuosa, se mete en todos los rincones de la urbanidad y del campo. Pero nadie la siente más que yo, nadie sabe del elixir de vida que cae de las nubes rotas cuando llueve, eres tu.

Tu con tu sonrisa centellante y tus palabras dulces que hacen que el agua despida un olor a miel y nuez moscada. Tu con tu abrazo tibio y acogedor que no queda más remedio que sentirse consolado. La brisa que mueve la dirección de las gotas a en un vaivén voluble de emociones y sonidos; las hojas de los árboles respondiendo al chapoteo de los millones de diamantes diminutos caídos, una orquesta de chiflidos en las ventanas entre abiertas y el golpeteo suave en el concreto. Es un milagro y todos lo ven tan cotidiano, menos yo.

No puedo dejar de sentirte cayendo estrepitosamente sobre mí. Abro mis brazos y volteo las manos hacia el cielo, doblo la cabeza hacia atrás y abro la boca, quiero probarte ¡Qué sabor tan regocijante! Sabor al vino más dulce y corpulento del mundo, impregnas mi boca de aliento a fresas y pétalos de rosa, entras en mi para unirte contigo en mis entrañas, soy permeable de tu ser.

Ahora sumergido en la embriaguez de tu presencia te retiras chispeando en tus viejos territorios. La gente deja de correr y sale de las marquesinas de las casas. El bombardeo a cesado. Abro mis ojos y el Sol me saluda con un rayo en mi mejilla, las nubes se han ido y con ellas el agua.

Aunque tu no estás, te tengo en mi, conmigo, lo más cerca que alguien puede estar de otro: dentro de mí. Regreso a casa con el alma satisfecha y el corazón alegre, esperando que llueva otra vez para salir corriendo a la calle y tenerte.

Fe de Erratas

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Espero que todos los lectores disculpen los errores que he cometido en el arrebato de escribir con rapidez pero sin propiedad, sobretodo en los nombres de los grandes como Heidegger o Nietzsche en “¡¡¡¡¡AAAAAAAAAARRRRRRRGGGGGGGGHHHHHHH!!!!!” y tantos otros que cometeré…

Finalmente, gracias Ratón.

¡¡¡¡¡AAAAAAAAAARRRRRRRGGGGGGGGHHHHHHH!!!!!

Filed under: Cartas

Querida,

La película terminó con un mensaje rimbobante
esperando llegar a ser uno mas de los clichés
resplandecientes de los que te he platicado, que
trascienda el tiempo y se quede atascado en alguna
laguna mental que sólo resurjirá en el momento en que te
inundes de todo lo que quieres que sea que jamás podrá
existir. Después de haberla visto aprendí como
alumno ñoño y retraido las palabras dichas: el
verdadero amor no puede encontrarse donde no esta
verdaderamente y no puede esconderese donde existe
verdaderamente. Este es tal vez uno de los primeros
clichés, ya que la fuente bíblica lo lleva a años más
allá de lo que nosotros jamás podremos percibir nunca.
Pero también nos enseña que el amor ideal, el
perfecto, el que mi amigo sin saberlo Soren dice que
es el divino, ha estado presente desde entonces. Es
por eso que las llamamos diosas, es por eso que yo te
pongo en las alturas, como una ángel, mientras más
cerca estés de la divinidad será más fácil para mi
alcanzar la idea del amor, el amor platónico,
él mismo decía que lo que existe no es
más que una proyección de las ideas -más
alla de todo-, es por eso que nada de lo que tenemos
aqui es real, es sólo el mero reflejo de lo que es.

Heidegger ni siquiera nos hacer seres sino seres
ahí, ahí siendo aqui, somos también algo eyectado de
otro lado. Nietzsche nos convierte en el ser ahí hecho de
la gran subjetividad mundial, creados de lo que los
demás creen de nosotros, ligados como diría Ortega y
Gasset sólo con nuestras circustancias, creadas, como
Foucault nos instruye, de la historia, de las grandes
olas culturales que nos llegan de acciones del pasado,
de individuos que no conocemos de los que sólo
heredamos creencias, principios y puntos de vista. Sin
olvidar, por supuesto, a Freud, el que ya no es más lo
que era en su momento como autoridad académica, el que
nos envuelve en lo que congénitamente está dentro de
nosotros, los genes que nuestros padres, y para él más
nuestra madre, nos imponen, celosos, ambsiosos y
egoístgas ¿no es así Frank? Es decir, somos a penas
remedos de materia viva pero que no está, al parecer.

Aún así hay un hilo conductor, algo que nos guía y que
en el momento en que nos atraviesa nos usa para
hilar a la humanidad entera, el amor, el ideal del
amor, lo que en nuestra pequeñísima no-realidad nos
acerca más a lo real o a lo que creemos que debe ser
lo real porque se siente tan bien, porque enaltece
nuestros sentidos, porque nos lleva a la acción,
porque nos embriaga, nos eleva, nos conduce a dode
quiera y nos demuestra que es lo más importante -y
hasta nos confunde haciéndonos pensar que es lo único-, lo cual
creemos hasta que descrubimos que no podemos comerlo,
beberlo o cagarlo.

Tu representas, patéticamente, heróicamente,
realmente, ese amor en mi. Eres el receptáculo dónde
mi mente se ha fijado para descargar todo lo que me
no me atraviesa, todo lo que se queda en mi red, el colador
de lo sucio y lo impuro, lo superficial, lo delgado,
lo ligero, lo leve. Retengo en mis cables
entrecruzados lo que siente mi cuerpo que puede
resistir y se hace más pesado hasta que los horificios
se cierran y entonces, sólo y únicamente entonces
tengo que verte en mi mente, recordar y fantasear con
el futuro, dejarme ir como ave rapaz hacia el teclado
de la computadora y limpiarme, limpiarme de mis pesas,
y transferirlas a bytes y bits, y sin querer
queriendo, cual chavo del barril número ocho, querer
apenas llevarme el aura que te rodea con la gravedad
que tal vez pueda llevar consigo la materia que es
expulsada enérgicamente a través de mis dedos, sólo energía.

Te hablo a ti, digo las palabras que escirbo al escribirlas en voz
bajita para no confundirte cuando finalmente decidas
escucharlas.

Tuyo,

Oso

Idea bella

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La idea se rompe con un ligero rose del vidrio roto que relucía en la esquina de la ventana. En un instante la realidad cayó como aguacero de plomo sobre su espalda. La mirada se enfocó y el iris hacía distinguir los colores, lentamente las formas eran rebautizadas con sus nombres originales. La vista le ganó la carrera al oído que sólo sirvió para ensordecer por los sonidos tan acostumbrados que parecían un zumbido gris y constante, penetrante, absurdo. La realidad se mezclaba con pasado y presente ahora pasado y un futuro que olía a putrefacción y prometía un cadáver. Todo resultaba tan inyectado de vacío, hueco, burbujas de aire conectadas por dejos de energía, resonantes en espacios minúsculos, permeables a cualquier cantidad de suposiciones, confusiones y aseveraciones eternamente incompletas. Estaba ahí.

Con la sola certeza de su existencia y de su futuro rígido, trató de olvidar lo que ya no era. Regresó con la memoria a un recuerdo transfigurado de su infancia, aquel eterno lugar al que acuden tantos en busca de la dicha y huyen otros tantos intentando olvidarse de demonios traumáticos de repercusiones indistinguibles en la adultez. El ir y venir de sonrisas y llantos inmersos en una inocencia fantasiosa estrujaron su corazón con caricias de falsa seguridad y apapachos desconocidos. Luego la salida del cascarón protector de los malos, la adolescencia condescendiente de la pubertad, la fatigosa carrera por encontrar un ganador entre el deber ser y el ser ya iniciada toma vuelo para dejarse caer como ave de rapiña sobre un cuerpo que apenas se reconoce. El eterno pasar de las horas, incesante, aquel mounstro inspirador y fatal que seduce a todos hasta llegar a la indiferencia de millones, la contundente resignación del pasar de los soles y las lunas nos mima en sus manos de crecimiento incontrolable.

¿Y ahora? ¿Y ahora qué? ¿Uno más? ¿Uno más para la resignación? La rebeldía ante la inmensidad es insípida, diluida en el pensamiento de muchos, la oleada que arrastra a tantos, la puta más virgen del planeta, el paraíso de sentirse diferente a los demás, único en la mar egoísta e indomable de almas despiadadas. Adiós las particularidades, hola a la suma, a la causa, la causa ganadora, la que te hará libre, que dejará que pases desapercibido por las expectativas que has cumplido, nadie esperaba menos o más, da igual siempre serán cumplidas e insatisfechas. Dentro de las limitantes de cada uno, de nuestros cuerpos, nuestro espíritu y nuestra mente, no encontramos salida para negar nuestra especie, los rasgos identificadores nos unen inevitablemente a padecer las enfermedades de los que se sumaron a la trascendencia. Somos uno dividido en miles de millones de partes para retornar siempre.

La rebeldía será juzgada por los que vendrán como estupidez, pérdida de tiempo, desaprovechamiento de un cauce que razonablemente nos conduciría al éxito tantas veces obtenido pos sus seguidores. Entonces qué: ¡La apatía! La amiga fiel de los pensadores irresueltos, los jamás publicados, los que no siguen a nadie, que jamás serán seguidos. Aquella prima hermana de la resignación exiliada de la familia de lo aceptable. Esa que nos reconforta con su cama de clavos, constantes puntas cosquilleando nuestros costados, obligándonos a recordar nuestras mínimas probabilidades de hacer el cambio, de ser el golpe preciso que derrumbará el muro, despilfarradora de deseos y aspiraciones consensuadas.

¿Qué nos arrojará más allá del ser, qué nos levantará de nuestro ente imperfecto y desdichadamente estrecho, tan estrecho que es inescapable. Tan estrecho que se expresa con palabras, con caricias que torpemente interrumpen la existencia de uno y otro con sensaciones y emociones que cesarán de sorprendernos algún día con su identidad, todas presentadas y representadas, saboreadas, lloradas, alagadas, sufridas, dolidas, enamoradas? Enamoradas.

El amor.

Su rareza, su particularidad, su importancia, su necesidad pero cruel insuficiencia, su sensación, las reacciones físicas, los latidos, los sonidos, la excitación, su irreverencia, la energía, su invitación a movernos, a rebelarnos. Los colores más opacos se vuelven brillantes, la piel se enchina y la suya también, sus ojos, su inexistencia se entreteje con las características precisas que sin duda encontrare al rato, mañana tal vez, en la alameda, en la calle al doblar la esquina, en cada una de las demás que atraviesen mi camino. Iré tras ella, saldré de mi, la encontraré, compartiremos momentos, infinitos lapsos de tiempo llenos de significado, llenaremos las burbujas vacías, daremos peso a nuestros pasos, seremos cómplices y prisioneros atemporales el uno en el otro, escalaremos muros y derrumbaremos montañas, atravesaremos los mares. Desafiaremos la certeza y retaremos el deceso con nuestras muertes chiquitas, el mundo será nuestro… Sí, qué idea tan bella.

Laberinto (1997)

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- Una antorcha ilumina el camino con su llama, camino húmedo y oscuro que se hace más largo mientras más vislumbro de él, se desenrolla ante mí como alfombra monárquica. A lo lejos se escucha el gotear del agua que escurre de las paredes y brinca de sus salientes. Tras la lumbre de una sigue la de otra, indicándome el lugar de mis pasos, una antorcha, dos antorchas, tres antorchas… …noventa y nueve antorchas, cien… he perdido la cuenta.

Mis ojos no encuentran manera de terminar con la fatiga monótona y constante, la desesperación se apodera de mí desde dentro. Entre antorcha y antorcha se viven las noches mas negras, los inviernos más perpetuos, luz y penumbra conjunta en periodos sistemáticos, asimétricos. Angustia cuando no veo otra luz delante de mí. Mis pasos rompen el silencio apuñalando al aire inamovible, las paredes se quejan con su eco. Mis ojos están cansados de ser enviados a rincones rebuscados para encontrar una salida y regresar sin respuesta. Un fracaso tras otro.

No puedo más, mi andar se acelera, mis piernas quieren acabarse el anden a zancadas gigantescas, comienzo a jadear, mis axilas y frente transpiran, mi calor contrasta con el frío escondido en las penumbras, aun así no he visto ni la estela de tus pasos ¡Alto! Un rayo de luz cruza delante de mí. ¿Sueño? Lo sigo hasta su origen, una puerta entreabierta lo hace brotar, me acerco con curiosidad a probar su existencia. Un gozo incontenible y alegría desbocan en mis ojos llenándolos de luz, luz viva, luz real, luz de día. Después del ardor, mis pupilas se enfocan, hay colores, un verde intenso y un arco iris de flores, aves y mariposas. El olor de la savia fresca de los árboles y arbustos me incitan a imaginar el sabor de sus frutos. Por fin.

Me adentro en esta selva aparente a descubrir su forma macabra, su orden maquiavélico. Hay una serie de pasillos y avenidas que se entrecruzan y me conducen a callejones sin salida. El piso se inclina, ahora escalo una colina que promete una vista fascinante. No me defrauda, desde ahí observo todo y todo me observa, puedo ver claramente los caminos inescrupulosos que circunscriben un paciente sauce llorón que espera ser alcanzado en el centro del laberinto.

En un instante pasas de largo frente a mí corriendo; te sigo con mis piernas adormiladas, doblas en la esquina y al darla ya no estás. Continuo con mi paso firme sin desistir, impulsado por la esperanza de volverte a ver. Lo único que guardo es el recuerdo de ti en mi memoria; aunque breve, eres hermosa y tu olor a almendra, jazmín, naranja y avellana frescos de otoños pasados no se ha despedido de mi olfato. Sostengo en mi imaginación el tiempo que se me escapaba bailando contigo, cuando me enamoré de ti.

Pasó no sé cuanto tiempo, la luz se opaca y el Sol se esconde, los pájaros se despiden del día cantando. Me recargó en la pared y me deslizo para quedar acurrucado con mis brazos abrazando mis piernas contra el pecho. ¿Dónde estarás? Al terminar de formular la pregunta apareces frente a mi con la mirada agitada y confundida, te ves perdida y preocupada, me miras como si no estuviese ahí, como si fuera transparente. Me levanto. Tus ojos se abren y prorrumpen en ellos lágrimas perdidas en falsas esperanzas. Sin titubeo corres hacia mí, me abrazas y susurras en mi oído –“¿Dónde has estado? Te estuve buscando.”

Enredaderas

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Tejiendo enredaderas en mi mente, trepándolas con mis sueños hasta donde estas tu, llegue a visitarte por un instante para asegurar que estuvieras ahí. Tu presencia sació el vació que rasgaba y arañaba mi alma, rasguños tan cotidianos y presentes que me había olvidado de ellos. Continué explorándote para probar tu existencia sin escuchar queja alguna. Pase por tu mente y tu corazón; llegue a tu esencia y salí para observarte. Me perdí en el abismo de tus ojos y caí rendido en la almohada de plumas que desenrolló tu confianza en mí. Salte por la borda de tus ideas y caí en el cauce de tu perseverancia. Recorrí el lago donde guardas tus lagrimas y me perdí en el bosque de tu sensibilidad. Trastoque tu prudencia y monte el potro salvaje de tu audacia. Termine mi análisis con la unión de tus partes, regresé a verte completa y me asombre de la imagen que aparecía frente a mis ojos, la admiración los infló y tu extensión saco escalofríos de mi espalda baja.

Un poco desconfiado de tu solidez te hice y te deshice millones de veces en mi memoria -cerré los ojos para no verte, para no tener pista alguna que seguir- siempre regresé al mismo resultado increíble. Eras tú la que aparecía en el espacio que dejaba para armar tu rompecabezas. Las pruebas para encontrarte una falla, una justificación para no amarte, no fueron efectivas, jamás te vi un defecto.

Salté de tu recinto al suelo, sentí el cristal de mis pies quebrarse al caer, me hinqué para tocarlo, elevé la mirada para encontrarme con la enredadera. ¿No la habían creado mis pensamientos? Quede atónito, era real, estaba ahí, no estaba soñando despierto ni creando mi ideal en mi mente como tantas veces lo había hecho. Mis rodillas cedieron y mis ojos condensaron vapor, trataba de matar el suelo a puñetazos, ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué hasta ahora?! ¿Por qué tenías que ser real?

Tantas veces te vi pasar delante de mí como una sombra flotando en la oscuridad, era el único que te veía. Los demás sabían de tu existencia más nunca te vieron, nunca te sintieron, caminaron a través de ti. Yo creía que tu existencia no era más que una mofa a lo que la sensibilidad nos dicta, burladote con tus formas de todo lo establecido por la visión acortada de hombres inteligentes. Mas tus formas eran tú, jamás creaste artificios para adornarte.

Me puse de pié y decidí atraparte de nuevo con mis ojos para refrescar el recuerdo vago que ahora tenía. Trepé la enredadera hasta donde te había dejado, seguías ahí. Dispuesta caminaste hacía mí para reconfortarme pues viste el nerviosismo en mis ojos, me tocaste. Salté hacia atrás. ¿Estarías segura de lo que estabas haciendo? Diste un paso adelante extendiendo tu mano. Esperaste hasta que mi mente cayera en cuenta de lo que estaba ocurriendo. Camine hacia ti imitando tu gesto, nuestras palmas se tocaron. Pareciese como si el ejercicio mental que yo había hecho lo hubieses hecho tu también. Sin embargo, no fue justo, tú lo llevabas haciendo ya de hace tiempo.

Abriste tus brazos y me diste entrada, sin nada, sin una armadura fría y hostil que antagonizara conmigo. La ternura de tu abrazo llenó de calidez mi desahucio, encerró mi corazón con una manta de esperanza y amor. Abrió mi mente para quitarle todas las dudas. Soy correspondido.

Cedo hoy a tu existencia, creo en ti y te admiro en todo lo que haces, te quiero. Aunque es corto el tiempo, jamás viví algo como lo que he vivido contigo. No importa lo que pase ahora, me has rescatado, me has revivido para nunca morir.

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