Digestión

January 29, 2006

Lluvia

Filed under: Pensamientos

Cuando pienso en ti, no puedo dejar de pensar en la lluvia. Esa agua mágica que cae del cielo, es espeluznante la idea de cómo llego a estar ahí arriba en las nubes, tan cerca del Sol y de la Luna que la acarician y de las estrellas que la llenan de luz titilante.

Tu presencia es como un aguacero de emociones que empapa mi ropa y sigue mojándome hasta alcanzar mi piel. La envoltura fresca que me rodea, toca cada uno de mis poros y se filtra hasta mi interior. Arrinconando a mi corazón sigue hasta que lo atrapa junto con mi alma.

Tu aguacero no para, la lluvia de cántaros sigue su camino sin mirar a quien moja. Pasa por la gente de la calle, pasa por los techos de las casas, recubre calles y puentes, salpica al mar y a los ríos. Deja sin esperanza los limpia parabrisas de los conductores. Todos están conscientes de tu presencia, es incisiva e irrespetuosa, se mete en todos los rincones de la urbanidad y del campo. Pero nadie la siente más que yo, nadie sabe del elixir de vida que cae de las nubes rotas cuando llueve, eres tu.

Tu con tu sonrisa centellante y tus palabras dulces que hacen que el agua despida un olor a miel y nuez moscada. Tu con tu abrazo tibio y acogedor que no queda más remedio que sentirse consolado. La brisa que mueve la dirección de las gotas a en un vaivén voluble de emociones y sonidos; las hojas de los árboles respondiendo al chapoteo de los millones de diamantes diminutos caídos, una orquesta de chiflidos en las ventanas entre abiertas y el golpeteo suave en el concreto. Es un milagro y todos lo ven tan cotidiano, menos yo.

No puedo dejar de sentirte cayendo estrepitosamente sobre mí. Abro mis brazos y volteo las manos hacia el cielo, doblo la cabeza hacia atrás y abro la boca, quiero probarte ¡Qué sabor tan regocijante! Sabor al vino más dulce y corpulento del mundo, impregnas mi boca de aliento a fresas y pétalos de rosa, entras en mi para unirte contigo en mis entrañas, soy permeable de tu ser.

Ahora sumergido en la embriaguez de tu presencia te retiras chispeando en tus viejos territorios. La gente deja de correr y sale de las marquesinas de las casas. El bombardeo a cesado. Abro mis ojos y el Sol me saluda con un rayo en mi mejilla, las nubes se han ido y con ellas el agua.

Aunque tu no estás, te tengo en mi, conmigo, lo más cerca que alguien puede estar de otro: dentro de mí. Regreso a casa con el alma satisfecha y el corazón alegre, esperando que llueva otra vez para salir corriendo a la calle y tenerte.

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