Digestión

March 12, 2006

¿Hay alguién allá afuera?

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Me setní extremadamente atraído a hacer un comentario sobre este post. El lado oscuro del corazón, remitiéndonos a aquella película que es grandisoa para los desdichados, que envuelve a los mártires y náufragos del amor en versos gauchos, que nos enamora de una puta, nos eleva a la punta de un pene gigantesco y nos recuerda, ante todo, que no somos ángeles, que no somos pájaros, que no tenemos alas, que no sabemos volar. Más allá de que el amor nos lleve o nos alejé de la vida, sea palpable, lo sintamos o sólo creamos sentirlo, el punto es que lo hemos nombrado. Ese bautizo nos mancha de un pecado poco original que confronta a unos y a otros en luchas intestinas interminables, ese uno y ese otro están dentro de nosotros. Dentro de la multiplicidad de personalidades y desvaríos psicológicos con los que contamos, existe la dualidad polarizada entre deberes y placeres, ambos relativizados al extremo, tanto así que no existen. Hace tiempo que sabemos que todo es cuestión de precepciones, que somos lo que los nosotros y los demás imaginan de nosotros, que lo que hagamos estará bien o mal dependiendo del contexto, que nada es. Hay máximas, hay hedonistas, epicureistas, empiristas, racionalistas, nihilistas, existencialistas y los que mandan, los apáticos de hoy, los que no creemos y queremos todo; los Peter Pans en los billones de nunca jamaces. Los absolutos se terminaron mis hermanos, la verdad y el bien, la metira y el mal. ¿Qué es lo que queremos?

March 1, 2006

¿Error?

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Me aleje una vez más de Hollywood. Me fui lejos y me quedé sentado. Se quedo perdido allá en el limbo el recorrido con los brazos extendidos para que ella se echara un clavado en la alberca de mi pecho y hundiera su boca en mis labios. Se quedó colgada la imagén en las expectativas recordadas. Ahí, amorfa en la irrealidad de una película dulce y opaca que siempre amenaza como espada pendulante, la que cayó sobre mi espalda. Salió el religioso rastrero para incarse de rodillas y pedir perdón por no cumplir los clichés que se prometió a si mismo honrar como a su padre y a su madre. Heme aqui petulante futuro cadaver envuelto en llanto por haber cortado la frágil partícula de su piel con el filo del pétalo de una rosa. Duele y mucho. Me vi fuera de mi y de cerca, me segui a cada paso que daba y aunque era yo y me reconocía no era un actor, no estaba en una película, menos en Hollywood. Un café, un asiento casual y comodino bastó para darme cuenta de la irrealidad. Estaba yo sentado y veía cómo se proyectaba en la banqueta una escena de todos los días excepcional. Me quedé pues petrificado, al hacer la reflexión rasque el hierro y elevé al cuadrado el sufrimiento. Rompí el mandamiento, secularizé el flujo: pequé, perdóname Nietzsche, soy culpable. Llené el aire de amores, te amos, te quieros, arrepentimientos, hubieras… el tacto con roces, apretujones, abrazos, agarranoes, piojitos, cosquillas, lágrimas… más aire con gritos, reclamos, razonamientos, ironía, súplica, alabanza… más abrazos, más miradas, pero no estabas tu, no estaba yo… Después de un rato angustioso te encontré. Promesas que se rompán: jamás… soy limitado por naturaleza hacedora de miel. Somos excepción en todos los sentidos. Futuro mio nunca hay que perder la fe, la fé no católica, la fé no budista, la fé no judía, la fe no hindú, la fe no religiosa, hay que vivir en ella, todos los días sin esperanza nunca. No hay errores. Te amo, sea lo que sea que eso signifique.

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