Uno nunca exige lo que cree que no se merece. La indignación viene después. Cuando una y otra vez las ratas se atraviesan en su camino. La santidad de las personas sólo se deja ver después del martirio. Será que soy como los mártires originales que delante de los romanos afirmaban ser cristianos para ser asesinados por su fe. Es muy fácil ensuciar un lienzo blanco, que una obra maestra no lo sea, que ese no sé qué muera antes de haber nacido, huyendo de la mente del artista al momento de la creación. Quisiera no tener tantas divinidades a las cuales agradecer, quisiera que sólo hubiera tantos dioses y tantos demonios, que al rezarle a uno me sintiera protegido y al exorcizar sólo a otro me sintiera aliviado. La verdad es la experiencia, es el ser y el porvenir al mismo tiempo, es estar lo más que se pueda viviendo las cosas; bueno, una nunca podrá echarme en cara que no es mi caso. Estuve ahí, la mentira fue verdad.
Lo espantoso de la mentira reside en que una vez que es admitida la verdad se vuelve tan escurridiza como un mito, el abominable hombre de las nieves, pie grande, el mounstro de Lochness, el Chupacabras. Nunca podrás estar seguro si lo anterior o lo futuro es verdadero a menos que tu seas el mentiroso. La confianza está hecha de algo muy parecido al cristal pero es más frágil. He llegado a pensar que es el alfiler que sostiene al amor, tan extraordinariamente bueno que se vuelve irreprochablemente difícil.
Lo que viene después de descubrir la mentira tampoco es tan fácil, la verdad. Experimentar la verdad no tiene salida de emergencia, las cosas son así y no hay nada más que hacer, tal vez precisamente por eso resulta más fácil trabajarlas. Pero la verdad, como todo lo positivo, es difícil de alcanzar. Puede que la verdad sea que te están engañando, y te engañas. Puede que la verdad sea algo que tu no quieres que sea, que no querías que fuera y es ¿Después de experimentarlo, sabiendo que es la verdad, eso significa que lo tienes que querer, que no lo puedes rechazar, que no te dan nauseas, que no es repugnante? No, las cosas que son no sólo por que sean pierden sus propiedades. La verdad puede ser dolorosa, repugnante, asquerosa, vomitiva. Ojala y todas fueran vomitivas un dedo introducido en la garganta solucionaría el problema.
Luego viene la reconstrucción. Viene la búsqueda dentro de cada uno para tratar de encontrar detalles que nos hagan imperfectos. La fatigante búsqueda de la empatía, el poder perdonar porque nosotros no somos la excepción y mentimos igual que ellos. Lo indigerible viene cuando uno no encuentra eso dentro de sí. Entonces la falta de entendimiento, entonces la distancia, luego llegará la indiferencia. Porque si uno no miente es tan difícil creer que el otro lo haga.
Una vez pasada la superficial ira y tocado el fondo con la tristeza pasando por la decepción viene la creación de un plan de trabajo, el rescate debe ser organizado. Entonces se empieza por el salvavidas, la llanta flotante sobre las aguas desconocidas que se baten entre el éxito y el fracaso. La parte ofendida se repite varias veces si sus peticiones deben ser lo que son, si realmente no hay otra forma, si no existe dentro de su cuerpo, en el hueco más recóndito de su corazón una fórmula para hacerlo más sencillo, un perdón más, otro más, el último. Lo que el ofensor no ve es que el salvavidas es primero para el ofendido, tomarlo o dejarnos vencer por las olas, ahogarnos en la inmensidad sin importarnos el aire, los gritos desesperados, las lágrimas, los cambios que llegaron demasiado tarde. Uno se pregunta de inicio ¿Por qué hay que llegar a pedir cambios? Si la persona es la indicada no habría razón de hacerlo ¿No es cierto?
Después viene la indiferencia del mentiroso, el derrotismo, aquél con el que sí podemos ser empatitos; su asquerosa indiferencia, nuestra recurrente visita a la indignación. Frase preferida: “Si de cualquier forma no me vas a perdonar para qué hago el intento,” no se dan cuenta que esa fue la misma actitud que los llevo al traste desde un principio. La minimización, su voluntad pigmea de hacer las cosas como se deben: por cobardía, por creer que se pueden salir con la suya, por no creer ellos desde un principio que sí es así de bueno. ¿Pero cómo se deben hacer las cosas? Cómo la pareja decida, es por eso que cuando no encuentran ese deber ser, las reglas y valores básicos, que la pareja se bate entre su permanencia o su rompimiento (En las cosas básicas folletín). Ya he estado aqui antes.
Pero habrá que subrayar su incapacidad de exigirse, el consuelo en que ellos actuaron de la mejor forma, el remate de las culpas hacia el pecho de su pareja que ya no es un jugador del equipo sino el contrincante; el exagerado, el aberrante, el incomprensivo. Es una lástima que el voltear los papeles sea solamente un acto hipotético, sería maravilloso que alguien pudiera crear una maquinita para que el otro se metiera en nuestra cabeza y corazón y sintiera lo que sentimos. Pero por supuesto no existe, su construcción estaría cuestionada por todas aquellas parejas triunfadoras. La maquinita es innecesaria.
No hay ni buenos ni malos momentos para regarla, por definición todos son malos, no importa si se estaba en la cúspide o en el abismo de la relación. La mentira, una palabra sucia, ligada a ella, en pareja, jamás podrán ir intenciones loables o motivaciones honradas. La mentira ensucia todo, es como un polvito que se mete por todos lados, para sacarlo hay que sacudir todos los días, pero si eso no lo hizo antes con el polvo inevitable ¿qué te hace creer que lo hará ahora? ¿Por qué esperar hasta que toda la casa esté sucia para limpiarla?
Aunque en la mayoría de los casos los primeros mentirosos somos nosotros. Nosotros los que nos engañamos, decidimos no ver las señales claras antes de aceptar que es probable que nos equivoquemos, somos unos bastardos arrogantes. Minimizamos sus actos, tratamos de justificarlos, somos los fertilizantes principales de la hierba mala que después ha de envenenar nuestro jardín. Dejamos pasar las cosas pensando que ellos quieren lo mejor para nosotros y que seguramente habrá una razón para lo que están haciendo. Nosotros nos la buscamos así. Lo primero es lo primero entonces, perdonarse a uno mismo.
Es cierto que el perdón debe traer consigo un dejo de inocencia, un poco de credulidad basada en algo que no existe, es decir, fe, y también una minimización de lo que sí existe, el engaño. ¿Estaremos perdidos aquellos que sabemos lo que queremos porque no importa que tanto intentemos nunca se nos da? ¿Estaremos buscando en el lugar correcto? ¿Por qué le resulta tan fácil preguntarme si la odio? ¿La habrán odiado antes? ¿Será capaz de cambiar? ¿Seré capaz de cambiar y perdonarla? ¿Será capaz de no mentir? ¿Seré capaz de creerle?
Ayer soñé que estaba en una carrera, un maratón al que fui impulsado por un taquero que debía 400 mil pesos, que no sabía como los tenía que pagar pero sabía que los debía ¿eso lo hace menos responsable? No. Después de ayudarle a declarar sus deudas y hacerle un plan para facilitar su pago comencé a correr. El maratón era de ida y vuelta, también tenía escaleras, a pesar de mi poca condición física pude batirme con el puntero en los últimos metros, era un corredor bajito, blanquito, de lentes, un aventurero cualquiera. Perdía.