Cinco años después
Ví a Vanessa, la que inspiró La Invitación, cinco años después, sólo salimos a cenar y a una exposición de arte (del hermano de su novio, jajaja). Le marqué del aeropuerto para despedirme, lloró horrores, pidió que me quedara unos días más, me dijo que me quería… esté es el último mail que recibí de ella:
No puedo creer que te fuiste,
Tengo tanta rabia que perdi tu llamada, queria despedime por lo menos por telefono.
Te llame al hotel toda sentimental ,porque en el cd que me dejaste hay una de mis canciones favoritas (el elejido) hasta que se me aguaron los ojos..,y cuando me direron que ya habias hecho el check out me dio mucho sentimiento. A penas esta manana estaba asimilando mis recuerdos y el hecho de que estabas aca. Siento que no hablamos ni compartimos sufiente y apenas me estaba recordando de lo especial que eres y de lo bien que me siento cuando comparto contigo. Anyways………… creo que me dejaste muy triste.
Bueno me da mucha alegria que seas y estes tan lindo como siempre…. Espero que todos tus problema “existenciales” tengan un final feliz, lo cual no dudo. Acuerdate que de porsi ya eres muy persona especial & diferente y eso hace las cosas mas complidas en tu cabeza.
Besos
Vanessa.
Esto es lo que yo le contesté:
Hola Vane,
Pues supongo que si te estoy escribiendo es porque sigues siendo parte me mi imaginario idiotizado con la idea tuya. Así como a ti te cayó el viente de que estaba ahí el día que me fui, supongo que a mi me ha caido ahora. Eres la niña con la que me hubiese gustado compartir muchas cosas y cuando digo esto lo digo al aire porque no tengo la lista de las actividades específicas que completar contigo. Aunque han sido semanas ahora y siempre amenazan el olvido y la disipación a lo que sentimos cuando nos vimos y de todo lo que revivimos cuando nos hablamos, el retumbar de ti sigue en mi corazón. No sé que fue peor, tal vez haberme quedado un rato más hubiera terminado de matar ese recuerdo tuyo que a penas y respiraba, cansado de las inumerables visitas que le hacía buscando algo contra que comparar lo que tenía, la estocada dada por la cotidianidad, la aplastante monotonía habitual de lo real. O tal vez hubiera sido aún más espantoso, horrible, espelusnante ¿qué tal si con tres días yo sí me puedo enamorar? Para eso no se necesita más que una sola persona, se necesitan dos para amarse, pero para enamorarse basta un corazón suspirante de cualquier gesto para convertirlo en bandera y morir por ella. El caso es que no hubo tiempo para ni una ni otra, lo único que sucedió fue un electroshok que aceleró las palpitaciones de aquel espectro de cinco años que me acompaña en todas las asañas Don Juanescas en las que me embarco. Todo volvió, volvió tu recuerdo extraño y amigo, tan incompleto como nuestros encuentros. Y no sé, tal vez sólo hable por la inspiración arrojada desde el fondo de mi inocencia pero lo cierto es que confirmé tu existencia, y no fue sólo tu risa y tu cuerpo, la belleza estética, fue todo lo demás, fue el llevarme contigo como siempre y como nunca, cómo creí que nos podíamnos llevar en un sueño que tuve hace media década, un sueño hoy revitalizado.
Vane, realmente no supe que pensar cuando escondiste tus lágrimas y tu petición de quedarme bajo el manto de la hipersensibilidad provocada por las hormonas. No sé si pude estar más al descubierto y haberte dejado entrar más en mi, realmente no sólo acelerar el ritmo del corazón de aquel recuerdo, sino prepararlo, erguirlo, ejercitarlo para que pueda aguantar el tiempo hasta que nos volvamos a ver, o aún más, enseñarlo a resistir tu ausencia el día de nuestro reencuentro que no vendrá nunca. Ahora en una etapa de mi vida por terminar empalmada con una que comienza me aferro a ti como salvavidas para flotar en este mar de olas combativas, flotas fija al fondo de los recuerdos, me mantienes sobre el agua y sirves de guía para delinear aquella foto de un amor plátonico que jure muerto.
Niña, sin permiso me he adueñado de ti para que te conviertas en mi musa, disculpa mi irrupción mal educada, pero ahí, en ese jardín que podo y riego con tu memoría, en el rinconcito aquel, abajo y a la izquierda en mi cerebro, te quiero como a nada y eres la reina de todo lo que hay en él,
Juan Pablo
¡¡¡¡INTEEEEEEEEEEEEEENSSSSSSOOO!!!!
