¿Recuerdas?
Ayer volví. Desde hace muchos años que no volvía a tener el mismo sueño, había habido algunos remedos del sueño, pero no el sueño sueño. Cuándo estaba en preparatoria tenía una fascinación con Gran Bretaña, sentía una gran atracción por ese país, nunca supe por qué. Pero soñaba que trabajaría ahí y que escucharía la música celta cada vez que saliera a caminar por el bosque. Soñaba que despertaría y la neblina rodearía mi casa, una pequeña casa en alguna aldea aledaña a una gran ciudad. Soñaba con días grises, con llovizna, con reflexiones profundas pero pacíficas que no inquietarían mis demonios. Soñaba con dormir sostenido por el aire paseando apenas unos cuantos centímetros sobre el pasto, zigzagueando por los árboles, encontrándome con hadas, con gnomos, con cascadas de polen que volaban y se enterraban en mi cabello. Soñaba con sonidos de agua, con días de pesca eterna, levantarse a las 4:30 a preparar la carnada, caminar hasta el riachuelo aquel o el foso de allá y platicar con los peces en voz baja, contándoles lo que las hojas de los árboles dicen cuando el viento les hace cosquillas. Soñaba con una vida contemplativa con música de fondo de tambores y flautas. Soñaba con gente perdida del color del bosque, totalmente mimetizados, indistinguibles, siempre presentes haciendo ruidos para sacarte del trance, pero justo en el momento en el que volteas para tratar de atrapar a alguno con la mirada, desaparece.
Esté sueño me confortaba, lo sentía tan real que sabía que todo iba a estar bien, que en el futuro estaría ahí. No sabía cómo ni cuando pero sabía que estaría ahí. Así que cualquier cosa mala que me pasara no era tan mala, no me hacía arrodillarme y suplicar por clemencia, como muchas veces lo he hecho, tenía la certeza de que pasaría y al final estaría flotando por entre los árboles británicos.
No sé que pasó hace un tiempo en que todo cambió y dejé de tener el sueño. Dejé de creer en que todo estaría bien, dejé de pensar que las cosas saldrían bien de alguna u otra manera. El cambio fue gradual. Quisiera volver. Quisiera sino creer que mi lugar está en aquella isla, que está en algún otro lugar muy similar, como la vida suburbana. Tener esa casa demasiado grande para los años otoñales, un par o una tercia de hijos, el estudioso, el deportista, la porrista, todos bonitos, todos brillantes, todos con preocupaciones superficiales como la ropa que usarán en la fiesta del viernes, o si no han podido estudiar para un parcial, o a dónde irán de viaje en el verano. Esa burbuja rosa que los papás tardan tanto en construir y aún más en mantener. Quisiera quedarme ahí, en la comodidad de la irrealidad, en el mundo bueno, sin gente deleznable, sin intenciones rastreras y jodonas. Estoy enamorado de esa idea. Locamente, perdidamente enamorado de esa idea. Eso es precisamente lo que busco en ti y en ella. Estoy cansado de ser cínico y creer que eso jamás será.
Pero cuando lo veo, lo echo a perder. No hay nada más suculento para mi que ver a alguien que vive en un mundo rosa y echarle chapopote. Pero es sólo por envidia, porque no importa cuanto lo intento nunca lo obtengo. No creo que sea porque no puedo tenerlo, pero lo boicoteo tal vez porque no creo merecerlo.
Pero ayer volvió el sueño, y volvió mi creencia, mi inocencia, mi ingenuidad, y no quiero perderla y no quiero que nadie me la deshaga. Ya llegué a mi límite, ya vi lo que es la vida triste y sola y mala y sin el ideal de un mundo con principios o valores, que por más ridículos que nos parezcan por algo están ahí, por algo han existido por milenios, por algo la gente los ha visto como buenos. Sí es un engaño de los halcones para aprovecharse de las palomas, prefiero vivir con ellos siendo paloma que sin ellos siendo halcón. Ahora recuerdo que ese era yo hace muchos años, me gustaría creer que así éramos todos, pero muchos no corren con la misma suerte. Yo era el que creía en la decencia, en el honor, en la verdad, en la humildad, en la sencillez, en la honradez, en las virtudes. Yo creía ciegamente que la voluntad lo puede todo, que la autodisciplina y el creer, el tener confianza en que algo sería si realmente se quería así. Era un gran ingenuo, lo que la gente me dijera lo creía.
Algún tiempo después descubrí el mierdero que hay detrás de ese mundo feliz, las cosas que la gente deshace, porque siempre es más fácil destruir que construir. Ahora lo que busco es gente que haya llegado a ese límite, el que sea, el que ellos decidan, y que de ahí construyan a base de voluntad, salgan del agujero, que sean sobrevivientes y que anhelen volar conmigo a través del bosque.
