Ochocientos mil
Estoy agresivo. Las tres primeras noches que estuve aquí soñé con discusiones fuertes, lágrimas de frustración y una golpiza que le acomodaba a un tipo insolente que se burlaba de mi a carcajadas. Es exactamente el mismo sentimiento que tenía cuando molestaba a Rocío en el kinder porque me gustaba. El mismo que me hizo aventarle una pila Duracell “D” al niño que siempre me quitaba de los juegos en preprimaria. Lo que sentí por primera vez contra Francisco cuando me hizo manita de puerco en la cancha del Salón 25. Lo que empujó las lágrimas y tensó mis músculos cuando mi hermano lloraba en el suelo porque alguien le había pegado. La furia que transmitía mi quijada apretujada cuando el profesor Herrera Herrera nos daba con la regla metálica en el dorso de las manos. La impotencia y frustración cuando el hermano del Tepiteño me zorrajó un puñetazo en el ojo que lo hizo sangrar. Cuando Crispín me enseñó el autoritarismo al afirmar que como maestro el tenía el sartén por el mango y me freiría cuando quisiera. Lo mismo que hacía que mi madre y mis tías repitieran constantemente: “¡Qué carácter! ¡pobre de tus hijos y tu esposa!” Ese sentimiento que me hacía seguir adelante para demostrarles a todos que a pesar de ellos permanecería en pie después de su tiempo.
Como todo cambio importante este pasó paulatinamente. Dejé de tener porque quejarme, dejé de sentir que yo o el mundo sufría una enorme injusticia, dejé de sentir que no pertenecía, empecé a hacer amigos, dejé de estar sólo, dejé de sentirme incomprendido. Dejé de sentir agresiones constantes provenientes de todas partes. Aprendí a ser cínico para apagar la culpa martirizante. Y con ello se fue la violencia contra la humanidad.
Pero recientemente la agresividad se ha estado asomando. No entiendo. No sé porqué pasó. No lo puedo comprender. Como pudo ser que mientras ella rezaba alguien le diera un hachazo en el occipital que la dejara ciega por semanas. Cómo el padre de aquél asesinó a su madre. Cómo la madre de aquella otra se ofreció a los asesinos físicamente y ellos decidieron violarla frente a ella. No bastando esto los sobornó con dinero para que se marcharan sin hacerles daño. No entiendo como los amarraron cada uno a una silla y empezaron a descuartizarlos a machetazos uno por uno. Cómo pudieron tomar a los bebes de las piernas usarlos como boleadoras y arrojarlos contra la pared para estrellar sus cráneos ¡¿Cómo es posible que el mundo entero volteara la mirada?! 800,000… 800,000… 800,000…800,000… 800,000… 800,000… 800,000… 800,000…800,000… 800,000… 800,000… 800,000… 800,000…800,000… 800,000… 800,000… 800,000… 800,000…800,000… 800,000… 800,000… 800,000… 800,000…800,000… 800,000… 800,000… 800,000… 800,000…800,000… 800,000… 800,000… 800,000… 800,000…800,000… 800,000… 800,000… 800,000… 800,000…800,000… 800,000… 800,000… 800,000… 800,000…800,000… 800,000… 800,000… 800,000… 800,000…800,000… 800,000… 800,000… 800,000… 800,000…800,000… 800,000… 800,000… 800,000… 800,000…800,000… 800,000… 800,000… 800,000… 800,000…800,000… 800,000… 800,000… 800,000… 800,000…800,000… 800,000…
Llevo 28 entrevistas de 68 en tres semanas, algunas a detalle otras pasan por el genocidio vertiginosamente sin descripciones, esas son a las que les tengo más miedo.
Si me tocan, me desmorono, por eso no lo permito… estoy agresivo.

Wow…
Apenas me enteré que tienes un blog (es tu culpa por no invitarme).
Sólo te puedo decir que estoy super sorprendida y picadísima… seguiré leyendo.
Te mando un abrazo muy grande
Comment by Dalya — August 9, 2007 @ 5:03 am
PORQUE ES CHEBRE
Comment by CHUCHO — January 16, 2008 @ 10:57 pm