Digestión

August 9, 2007

Juego de manos…

Filed under: Vitácora

Me doy un respiro entre Sylvere Mwwizerwa y Elie Harerimana con Junior Boys “In the morning.” La vida en Kigali ha dado un giro y se adentra en una nube intoxicante de estabilidad que amenaza con la monotonía de todo lo que se vuelve habitual. Entrenamiento de volibol lunes, miércoles y viernes a las 16:30, cenas los martes y jueves, y salidas al lago Kyvu cada quince días. El tiempo sigue la forma que el cincel de la voluntad impacta vorazmente sobre su contorno. Mientras tanto la mentalidad mordaz y rabiosa sigue debajo de la sociedad rwandés. Los Tutsis y los Hutus guardan su distancia y esperan una chispa lo suficientemente grande para que valga la pena lanzarse de nuevo uno contra otro. Sylvere nunca había visto una granada hasta que los cinco hombres más fuertes de su aldea volaron en pedazos frente a él. Seducido por el poder de las armas y el porte de los soldados decidió unírseles. Su trabajo era cargar sus mochilas y correr frente a ellos. Si explotaba una mina, si alguien le disparaba o si simplemente se perdía de vista la tropa se detenía para planear el ataque. Sus cicatrices lo demuestran. A Elie lo etiquetaron desde que entró a la escuela. Marcado por su apellido Tutsi como hijo ilegítimo de su padre fue asediado por sus compañeros. En el genocidio lo pusieron junto con los de su etnia en el paredón, momentos antes del disparo fatal fue salvado por las negociaciones de su padre. Gracias a Dios, según él. ¿Quién habrá decidido en que familia habría de nacer?

Mientras más escucho estas historias más recuerdo las peleas de chiquillo. La inocencia de la gente aquí es parecida a la de un niño. La capacidad que tienen de sorprenderse es envidiable. Para Gaardner, vivirían en la punta del pelo blanco del conejo que sale del sombrero del mago supremo. Hay muchas cosas que no conocen, que no saben como funcionan o que no saben para qué hay que tenerlas, pero las quieren y las persiguen desesperadamente. Como una educación universitaria. Siguen dogmas y principios como tabúes y leyendas. Lentamente se alejan del superhombre y se acercan más a nosotros. Su inocencia y nobleza salvaje se asemeja a la de un pequeño que no conoce el odio detrás de una mentada de madre pero que sabe que si lo muerden él tiene que jalar el pelo. Recuerdo que cuando yo entraba en una escaramuza de niño mi mente se ponía en blanco, lo que más quería era causar el mayor daño posible. En medio del combate alguien nos separaba; sólo entonces se medían las heridas causadas. Después la reprimenda, la reflexión, la vergüenza, la culpa y la cruda moral. Así fue el genocidio, como una pelea entre niños-hombres que se salió de las manos, liderada y encendida por cuasi-hombres incapaces del asombro. Acá la escaramuza duró mucho más y la pérdida fue inmensamente mayor, así pues dependiendo el sapo la pedrada. El tiempo de reprimienda, de reflexión, de vergüenza, de culpa y de cruda moral sigue hasta hoy, habrá que ver si una vez que se vaya mamá ONU, papá EUA, tíos y tías ONGs y director gobierno los niños no empiezan a jalarse las greñas y hacer sangrar sus narices una vez más.

2 Comments »

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  1. Quizás porque soy niña y nunca me pelée con nadie en el patio de la escuela nunca se me habría imaginado esta forma de entender el genocidio.

    Es una metáfora brillante.

    Saludos

    Comment by Dalya — August 11, 2007 @ 5:14 pm

  2. ESTO ES ALGO BIEN EN TODO XQ DEL JUGO NATURAL

    Comment by ROTERDINA — October 30, 2007 @ 3:23 pm

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