Boca
Mi espíritu esta quebrado en cinco enormes pedazos de cristal. El reflejo de cada uno se hace más nítido al rozar una canción con los tímpanos. La sensación casi táctil se siente en el paladar, milímetros antes de llegar a la campanilla. Cada cual con su sabor, sabor papilar, sabor emocional, sabor mental, sabor corporal, sabor a olor, sabor a mirada, sabor a sonido, sabor a sabor. Cada uno de esos pequeños reflejos se queda colgado en imágenes, aferrándose por sus vidas al filo vidrioso. Hay cafés, hay calles, caminos, vías, carros y puentes. También hay aviones. Hay letras, palabras, oraciones, libros enteros, correo y borradores. Hay dibujos, pintados y sin pintar. Hay colores, miles de millones de colores centellantes. Hay ojos, iris y niñas con pestañas largas, cortas, juntas, separadas. Hay arrugas atrapadas en expresiones, en el entrecejo, debajo del labio inferior, en las comisuras, sobre las cejas y junto a ellas.
Como ven, las gotas ya empezaron a correr. A veces vienen ligeras, traídas por leves corrientes de viento, briseñas. Otras impactan frío, hechas de hielo quemante, enardecidas. Luego a cántaros, gotas obesas, regordetas y tibias. Así, a oleadas, a las seis de la mañana antes de que suene el despertador. A las doce cuando siento los espacios a lo largo y ancho de la cama. Al medio día cuando estoy de pantalón largo y camisa abotonada hasta el cuello. Pero sobretodo cuando ellos no son ustedes.
Vivo en una algarabía completa de recuerdos gritones que se acurrucan, arrullan y espantan. Por fuera y un poquito por dentro estoy solito. Siempre de aquí y de allá, compartiendo cosas a medias con gente con la que vivo en un pedazo de cristal. Conocerán un quinto, un décimo, la mitad, pero nunca los cinco en uno. Eso sólo lo conozco yo, como tu conoces lo tuyo. No soy de aquí ni de allá. No soy de la tierra ni del aire ni del mar. No soy de esta o aquella. Ni de acullá ni de por ahí ni de por acá. Por más que me elevo a las alturas y me dejo caer rampante sobre mi existencia nunca logro encajarme. Soy un poquito la sal y un poquito la arena, una pizca de barro y un terrón de tierra caliente, una nube cirrus y un cielo azul, un hilo de sangre y un riachuelo de lágrimas, un piano de sonrisas y un trombón de carcajadas, un panteón de silencios, un loco de fantasías, un luchador de dos a tres caídas y la vida sigue, y mis pies no paran, y sigo siendo más de todo, permeable, colorido y multisabores.
