Del puerto
¿Por qué tengo esa sensación de querer arrojarme hacia el vacío? Me gusta la idea de tu y yo juntos, pero esa idea proyectada en la realidad futura me horroriza. Las hadas siempre se aparecen en momentos de transición ¿será por eso que tu estás aquí? Me falta un párrafo del laberinto. Tengo escondida una ardilla en la cabecera de la cama. Las bolsas debajo de mis párpados no se las quiere llevar Juan Pestañas. Abnegada, así debe ser. Los dos tenemos algo de Fernández, los dos tenemos algo de mar, algo de puerto, algo de partida. Necesito un toque más, otro viaje, explorarlo todo, matarme, quedarme inerte ante lo que para otros es sorpresivo, conocerlo todo y aburrirme del mundo. Cada vez más lejos, cada vez más tiempo, cada vez más remoto. La verdad está en la experiencia. Poseerlas todas y ser más para no ganar nada. Pútrido caminante de círculos concéntricos, humeante, ávido de avidez. Paciencia en el éxito y en el fracaso, en el agujero de la pared, en los del cerebro, la culpa es de ellos. Allá afuera no estoy yo; estoy aquí, contigo ¿no me ves?
¿De qué estaremos unidos tu y yo? ¿De algo guacareado de otro ser? ¿De algo más allá del ser? ¿Más allá del meta ser o meta no ser? ¿Tendrán todos la capacidad de meditar? Todos somos yo, yo soy todos, no hay elegidos. Todos nos podemos reunir en uno, sólo en un momento. Todo es posible en todo momento, las casualidades no existen, son un sin sentido. Estás en todo. Impregnado de lo caduco, caducaré. Lo material, receptáculo de lo etéreo. Filtro de todo lo que pesa, de la suciedad del mundo, envolviendo el primer aliento, haciendo que exista y pierda conciencia. Pero la poca que me queda me arroja hacia ti y me rompo. El vínculo con las estrellas se alarga y hace más estrecho. Delgadito como cuando estiras un chicle masticado. A veces toca el suelo, a veces vuela con el viento, a veces se rompe. Tuviste que pagar muy caro ser diferente. Pues claro que no la olvidas, es una mujer muy abusada, te confronta. ¿Por qué tengo ese antojo de arrojarme hacia el vacío?
Esa poca conciencia que me queda me dice que la muerte me acompaña hasta que yo la acompañe a ella. En todos los caminos del guerrero de Don Juan que nunca leí porque me da hueva. La guerra se hace donde estamos nosotros, aquí adentro, allá afuera no estás tu. El juego está en las fichas sobre la mesa, tu estás en las fichas paraditas que te miran con puntitos negros. Esté será un año importante para mi, si no muero a los 27 viviré hasta los 54. Conócete a ti mismo. Estoy en la matriz, pero no me limita, soy transparente, una cascada de números verdes eléctricos. Soy permeable, pero sólo hasta donde el filtro corpóreo me lo permite, hasta donde siento. Fluyo de aquí para allá tocándolo todo, sin papeles. Nunca dejes que tu felicidad dependa de alguien más, vive tu vida para que nunca te digas “si hubiera,” jamás te arrepientas, si lo haces, estas negando lo que eres, mejor perdónate. Perdónate. Perdón. Perdóname yo: super yo. La moral es la cárcel del espíritu, con barrotes cuadriculados como de filtro. Vacíate. Sé permeable, siempre lleno, siempre vacío. Ligero. Perdido eterno. Loco. Volador.
