Drenado
Ayer soñé con fantasmas. Sabía quienes eran, también sabía que no me los habían presentado pero sabía que eran familiares, amigos y celebridades. Sabía que algunos estaban muertos, no vestían negro, pero su vestimenta era oscura. Soñé con mi hermano, con mis amigos, con aventuras en una alberca. Soñé con mi hermano como bebé, un bebé que no se parecía a él, tenía que llevarlo a su mamá, que no era la mía, atravesamos barrios con peleas pandilleras, nos agachamos por debajo de paredes por agujeros con escorpiones y arañas. El escorpión no paraba de picarme, haciéndome daño, tomé al bebé en mis brazos y lo llevé lejos. El escorpión no paraba de picarme, haciéndome daño, alejándome, alejándonos de los terribles males ocultos en la oscuridad de aquel túnel. Volví por el callejón de pandilleros que no hacían caso de nuestro pasaje. Algunos nos conocían, otros no veían amenaza alguna, aquellos nos sonreían. Soñé con Claudio y con Carlos, soñé con mis sueños de llegar a donde quería llegar. Soñé con la casa en la península cerca de la barranca que desemboca en el Pacífico. Una casa grande, con jardines, soñé con la seguridad de tener solvencia y riqueza. Soñé con la tristeza que implican los sacrificios por la solvencia y la riqueza. Soñé con todo lo que había soñado, que lo tenía, pero que a pesar de ello me quedaba en la boca lo más horripilante que puede tenerse en la boca, por debajo de la lengua, el paladar, en los cachetes y en la encías, no había sabor, no había amargura, no había picor, sólo la ausencia infinita de sabor. Ni una pizca salada. Nada.
Tengo la sensación de que algo o alguien quiere llevarme hacia algún lugar del que no estoy seguro al que quiero ir. Tengo la sensación de que algo o alguien no quiere que vaya aquí o acullá. Tengo la sensación de no estar tomando las decisiones correctas, de no estar aceitado, de no estar enfocado. No me siento yo. Como un coche que no parece arrancar pero aún da marcha. No me siento concentrado, ni efectivo ni eficiente. Como si hubiera nadado mucho tiempo, lo más rápido que podía, y ahora de pronto me freno y no reconozco donde estoy. Veo un punto en el horizonte, nado hacía él con todo el ardor de mi corazón y la fuerza de mi voluntad. De pronto un espectro, o un remolino que me fuerza a dar media vuelta. Ahora veo otro punto en el firmamento, me abalanzo sobre las aguas, apuñalo las olas con mis manos, arranco gotas con mis pies, allá vamos. De pronto el desconcierto y la falta de dirección me obligan a dar media vuelta. Ando olvidadizo, ando mediocre, ando falto de dirección, poco fino, sin detalles, burdo.
Quiero pertenecer a ese círculo de elite de los bonitos, los buenos y los inteligentes. Aquellos que reconoces a distancia, que se ven bien, lo hacen mejor y son mejores. Pero algo no me deja llegar ahí, algo dentro de mi, algo que soy yo mismo. Aquellos intentos fallidos de nadar hacia una dirección escogida parecen faltos de aliento, muertos. Toda esa fuerza, todo ese arrojo perdido, desperdigado y absorbido por la inimaginable suma de partículas de agua en la inmensidad del mar. Estoy agotado pero aún tengo marcha, y quiero hacer algo con ella. Cada momento que pasa sin usarse me hincha de ansiedad por la impotencia de no poder hacer nada con ella. Chispa hay, chispa hay, chispa hay. Denme madera, denme un bosque con hojas secas, con combustible para hacerlo arder, para limpiarlo, rejuvenecerlo y hacerlo más fuerte. Chispa hay pero la pólvora está mojada. Chispa hay. ¿Dónde la quieres?
“There is no such thing as a failure who keeps trying, coasting in the bottom is the only disgrace”
-John Popper lead singer of Blues Traveller, Album: Four, Song: “Just wait”
